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Con profundo dolor despedimos al escritor, dramaturgo, crítico literario, de cine e historietista Germán Cáceres, quien falleció este jueves 6 de noviembre a los 87 años.


Germán Cáceres, seudónimo de Fernando Penelas, había nacido en Avellaneda el 27 de febrero de 1938, y durante muchos años llevó adelante la sección de crítica literaria en la página de la Biblioteca Popular Carlos Sánchez Viamonte, donde por supuesto dio numerosas conferencias, participó de presentaciones de libros.

Además, en varias ocasiones presentó películas en el Cineclub La Rosa y fue organizador de eventos relacionados con la historieta y la literatura infantil y juvenil, dos de los ámbitos en los que se destacó.

Como graduado en Ciencias Económicas llevó adelante la contabilidad y presentaciones legales de la Biblioteca, y durante años los de la Fundación El Libro, organizadora de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires. Allí, entre otras cosas, tuvo el agrado de conocer a uno de sus ídolos, Ray Bradbury, cuando visitó la Argentina en 1987.

Como autor publicó libros de ficción (El checo, la giganta y el enano, Frankenstina, Cuentos para mocosos y purretes, Los silencios prohibidos, Los pintores mueren del corazón, Matar una vez, El futuro que fue, Por amor al crimen, entre otros); ensayo (La aventura en América y Entre dibujos, marionetas y pixeles); y más de diez novelas juveniles (El enigma del Siambón, El ataque de los acuanautas, El detective despistado, Mi vecina es un fantasma (y su hija también), Pesarilla galáctica y El misterio del profesor ausente, entre otras).

También escribió siete obras de teatro (El incidente (Un episodio en la vida de Manuel Belgrano), estrenada en el Teatro Fray Mocho), y fue autor de numerosos ensayos sobre historietas (Charlando con Superman o los distintos volúmenes de su serie Evocando viñetas). Realizó la adaptación en historietas de obras de la literatura universal (Edgar Allan Poe, Mack Twain y Julio Verne, entre otros). Por esta especialidad fue invitado a distintos festivales internacionales.

Recibió la Mención de Honor Premio Municipal en Cuento. Obtuvo cuatro Fajas de Honor de la Sociedad Argentina de Escritores (SADE): en novela, en literatura juvenil y dos en ensayo. En el año 1996, mereció la Mención de Honor en el Concurso Internacional de Ficción sobre Gardel (Uruguay). En 1999, la Secretaría de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires le concedió el 1er. Premio Especial Eduardo Mallea en ensayo. En 2002, fue premiado en el concurso de cuentos Atanas Mandadjiev (Sofía, Bulgaria), y se le otorgó el título de Gran Maestro del Relato Policial. Varios de sus libros fueron traducidos al italiano y al portugués.

Fue miembro correspondiente de la Academia de Letras e Artes do Nordeste Brasileiro y de la Unión Brasileira de Escritores (UBE). Fue nombrado miembro de número por la Academia Argentina de Literatura Infantil y Juvenil, e incorporado en 2010 al Diccionario razonado de la literatura y la crítica argentinas. Se desempeñó como jurado en el Festival de cine "Buenos Aires Rojo Sangre" 2008. En 2009, invitado por la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires, homenajeó a Juan Carlos Onetti.

En Lima, Perú, resultó ganador de la convocatoria "Novela juvenil 2020" realizada por Editorial Qilqana, que publicó su novela Pesadilla galáctica. Colaboró en varios medios de la Argentina, Uruguay, Brasil, España y México, y escribió en la revista “Fierro” de la primera época.
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Retrató a los protagonistas de la escena cultural latinoamericana y fue la más pujante promotora de un arte que colocó en un lugar central; con María Elena Walsh formó una pareja de intelectuales brillantes, cuyo legado protege la flamante fundación que lleva los nombres de ambas.

Si a la fotografía argentina hubiera que ponerle un nombre de mujer, ese sería sin dudas el de Sara Facio, una de las personalidades que más hizo por el surgimiento, el desarrollo y la institucionalización de una disciplina a la que dedicó casi setenta años de trabajo. Fotógrafa, curadora, periodista y editora, destacada por sus retratos de personajes de la cultura latinoamericana y por su labor en la promoción de la fotografía, la artista murió esta tarde, a los 92 años, confirmaron a La Nación desde el entorno familiar y la Fundación María Elena Walsh-Sara Facio. Hace un mes, esa entidad -que cuidaba y administraba el legado de Walsh- incorporó también la obra de Facio. Durante cuarenta años, formaron una pareja de intelectuales brillantes.

Había llamado la atención, en abril, la ausencia de la fotógrafa durante la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, cuando se presentó un volumen con textos de Walsh sobre el feminismo a modo de homenaje. Había estado internada por problemas del corazón. Hoy, tras la noticia de su fallecimiento, la presidenta de la fundación, Graciela García Romero, dijo a La Nación que la artista “se fue apagando de a poco, un proceso natural, de la vejez”. El velatorio será mañana, pero estará reservado a familiares y amigos.

Los muchachos peronistas mirando a cámara

Facio fue la fundadora de varios de los hitos en la historia de la disciplina en el país: creo la primera editorial especializada, La Azotea; entre 1985 y 1998 dirigió la Fotogalería del Teatro San Martín de Buenos Aires, primer espacio dedicado a esta disciplina; conformó el patrimonio nacional, al donar la mayor colección de fotos al Museo Nacional de Bellas Artes en 1998, al que más tarde también legó su biblioteca; fue miembro fundadora del Consejo Argentino de Fotografía, en 1979, junto con sus colegas Alicia D’Amico, Eduardo Comesaña, Andy Goldstein, Annemarie Heinrich, María Cristina Orive y Juan Travnik, con el objetivo de difundir y estudiar la fotografía nacional y abrir diálogos con la producción internacional. Junto a D’Amico, creó secciones especializadas en los diarios Clarín, La Nación (1964-1974), y las revistas Autoclub, Fotomundo y Vigencia. Facio luchó por sacar a la fotografía del ámbito de los fotoclubs. Lo hizo, entre otras cosas, desde la redacción de notas de divulgación técnica y reseñas de exposiciones en importantes diarios y revistas nacionales.

En su vida tuvo un propósito: la labor constante por la legitimización de la fotografía dentro del mundo del arte. Ya puede descansar en paz. Con el esfuerzo de toda su vida logró elevar la dignidad de este medio. “¡Una militancia! Siempre digo cuando me preguntan si no milito: sí, soy militante de la fotografía. Porque, además, soy mujer, como habrás notado. Las mujeres siempre somos menos”, dijo en una de las últimas entrevistas. “No hay duda de que Sara Facio es una de las personas más destacadas y complejas de la historia de la fotografía argentina”, escribió su colega Ataúlfo Pérez Aznar en el libro que dedicó a su obra en Ediciones Larrivière.

Jorge Luis Borges, mago del suspenso y del lenguaje, retratado por Facio

Su currículum llena páginas con más de 500 exposiciones, en forma individual en museos y galerías de toda América, Europa y Asia. Desde 1968 ha publicado más de veinte libros personales: amaba ese formato para la edición de fotografías. Sus páginas siguen con todos los premios recibidos, las muestras que curó y siete cuadritos que se convirtieron en sellos postales. Pero quizá lo más significativo no esté en la enumeración de tantos logros, sino en la cantidad de imágenes que deja la mujer que supo convertir en iconos a figuras de la cultura argentina y latinoamericana, a la vez que posó su mirada en la gente común, que abrió las puertas a la explosión de la fotografía de autor en la Argentina.

Cortázar con el cigarrillo entre los labios, Borges en su biblioteca, Neruda taciturno en su casa, las mil y una sonrisas de su amada María Elena Walsh, los muchachos peronistas mirando a cámara, los chiquitos con la ñata contra el vidrio que hielan el corazón... Hay decenas de imágenes suyas que ya están inscriptas en la memoria colectiva.

Su obra se vio en los últimos años revisitada en exposiciones como Perón, en Malba en 2018, y los homenajes por sus noventa años en 2022, en el Bellas Artes y el CCK. Entre las históricas, las que hizo junto con Alicia D’Amico fueron excepcionales: las únicas argentinas en presentar una exposición individual en el Centro Pompidou de París con la muestra de Escritores latinoamericanos. Lo mismo sucedió con la exposición de Buenos Aires y su gente, que fue la primera muestra individual de fotógrafos argentinos en Brasil, en el Museu de Arte Moderna de San Pablo. Posteriormente, parte de los libros Buenos Aires, Buenos Aires y Humanario se exhibieron en la Tsukada Gallery de Tokio. Las muestras Humanario -un relevamiento llevado a cabo en 1966 sobre el estado crítico de los nosocomios nacionales-, La vuelta de Perón y Funerales de Perón debieron esperar al gobierno democrático para exponerse, en 1985, en el contexto de 25 años de fotografía en el Centro Cultural Recoleta.

Julio Cortázar con el cigarrillo entre sus labios, un retrato emblemático de 1967

Nacida en San Isidro, el 18 de abril de 1932, desde sus 14 años, Facio estudiaba el arte en el museo mayor. Pero la relación profesional con el Bellas Artes comenzó cuando acercó la propuesta de conformar una colección de fotos, que en la actualidad cuenta con más de 1500 imágenes. Desde su creación en 1998 hasta 2012, la artista estuvo a cargo de gestionar el crecimiento de este acervo. En esas décadas, además, realizó otras cinco donaciones al museo de piezas de su colección particular. La última fue en 2014 y dio lugar a la muestra Latinoamérica, que también contó con su curaduría. Facio donó el 25% de sus fotos al patrimonio del Bellas Artes. En 2022, cedió su biblioteca personal, constituida durante sesenta años en los que trabó vínculos con artistas e instituciones de todo el mundo a partir de su actividad como fotógrafa, editora y gestora cultural. Son mil volúmenes dedicados a la historia del medio, colecciones especializadas y ensayos fotográficos.

Facio estaba formada en bellas artes, obtuvo el grado de Profesora Nacional de Bellas Artes en 1953. Dos años más tarde, viajó a París para estudiar artes visuales con una beca del gobierno francés: fue en ese viaje compartido con Alicia D’Amico, otra futura gran fotógrafa, cuando una cámara de fotos cayó en sus manos. Al regresar a Buenos Aires, el padre de Alicia, fotógrafo profesional, las incentivó a interiorizarse en ese arte. En 1957, comenzó a practicar fotografía en el estudio de Luis D’Amico. Con ayuda del Fondo Nacional de las Artes, Facio logró comprar su primera cámara fotográfica profesional. Con la tutoría de Annemarie Heinrich, se sumergió en el fotoperiodismo, al que se dedicó durante muchos años.

Entre 1960 y 1985, compartió estudio con Alicia D’Amico. Juntas decidieron tomar fotos de Buenos Aires, que recorrían en su Fiat 600. Buenos Aires Buenos Aires, publicado en 1968, marca un antes y después en su carrera, y en la fotografía argentina. La exhibición de 30 obras originales como marco de la presentación del libro, que iba a inaugurarse en la sede de Avenida Corrientes del Museo de Arte Moderno en 1968, fue suspendida, y fue la primera muestra fotográfica censurada en la Argentina, probablemente por el texto de Julio Cortázar, quien tiempo antes había criticado –desde París– a la dictadura militar de esa época. Sudamericana había publicado el libro con una condición: que Julio Cortázar escribiera el texto. Y escribió: Sara y Alicia han fotografiado Buenos Aires con un soberano rechazo de temas monumentales, e itinerarios pintorescos o insólitos; sus imágenes nacen de algo que participa de la caricia, de la queja, de la llamada, de la complicidad, de la amarga denuncia, todos los gestos interiores de una sensibilidad coincidiendo con la razón estética para que cada apertura sobre la ciudad tenga algo de velo de la Verónica, de lino enjugando una cara mojada por la vida.

“A los dos o tres días de ese primer encuentro, como estaba convencido de que las fotos no iban a salir, me dijo: Vamos a la Unesco, así hacés algunas fotos. Él estaba trabajando como traductor, y ahí fue donde le saqué esa foto que le gustaba tanto y que me dijo que tenía que ser su foto oficial”, recordaba Facio. Es la foto de Cortázar fumando, el ceño apenas fruncido... icónica.

Sara Facio y María Elena Walsh, una pareja de intelectuales brillantesSara Facio

“Sara pretendía, a partir de la inserción y desarrollo de su obra en su tiempo, promover la comprensión de la evolución de la fotografía como medio de expresión en el país y sus aportes, no solo a partir de sus propias imágenes, sino como autora y posteriormente como editora, curadora y crítica”, señaló Pérez Aznar, estudioso y testigo de su vida y obra.

Recibió numerosos premios, entre otros, el que otorga la Federación Internacional del Arte Fotográfico de Suiza; el Konex de Platino (1992) como Mejor Fotógrafa Argentina de la década; en 2011 fue nombrada Ciudadana Ilustre de Buenos Aires, y en 2019, galardonada con el Premio Nacional a la Trayectoria Artística, que otorga el Ministerio de Cultura de la Nación. Es también autora de un libro sobre la historia de su disciplina: La fotografía en la Argentina: desde 1840 a nuestros días.

Sus obras integran las colecciones del Museo Nacional de Bellas Artes, Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA) y Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Madrid, además de prestigiosos acervos particulares.

Las nueve décadas

Cumplió 90 años en 2022 y tuvo una torta de tres pisos en el Bellas Artes y después otra en el hall del Teatro San Martín. “Yo no sé si todos tienen consciencia de cómo cambio la vida de nosotros, los fotógrafos, a partir de la movida de Sara en el San Martín y en el MNBA”, dijo Julie Weisz en el primer festejo. Después, Facio vio su obra proyectada en las pantallas de los teatros de avenida Corrientes y en el Obelisco, y cumplió el viejo anhelo de una muestra callejera con imágenes en la vía pública en cuatro barrios, Recoleta, San Telmo, Congreso y Microcentro. “Ningún homenaje sería en verdad suficiente para destacar tantos años dedicados a la fotografía. Dicho de otro modo, es impensable no vivir en un estado de permanente agradecimiento hacia su figura. ¿Acaso sería posible la existencia de una feria especializada en fotografía sin el trabajo institucional que Sara realizó a lo largo de los años noventa? ¿Qué museos comprarían fotografías si no hubiese luchado tanto por la incorporación de este medio a sus colecciones patrimoniales? “, escribió el curador Francisco Medial cuando se le rindió tributo en Pinta BAPhoto, y se exhibieron planchas de negativos y una de sus serie menos vistas, los Autopaisajes, representación fragmentaria de sí misma y de la naturaleza.

Sara repartía sus días entre su casa y su estudio, que siguió teniendo por separado en la calle Paraguay, abocada con pasión al cuidado del legado de su compañera de vida, desde la Fundación María Elena Walsh. Ya hacía tiempo que había dejado de tomar fotos. Alguna vez escribió una especie de epitafio: “Lo que yo hago en fotografía es para lograr que el día que me muera no digan que se murió una vaca sino que se murió una persona que vio eso. Y lo que yo vi está en mis fotos. Como si dijera: «Esta es mi ciudad, mi gente, la que admiro, la que me gusta». Ese es mi canon.” Murió una persona que vio la vida que transcurría ante sus ojos.

María Paula Zacharías
Diario La Nación, 18 de junio de 2024
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Guardián del pasado literario de Brooklyn y de la generación heredera de Faulkner, el narrador falleció de cáncer en Nueva York tras unos años marcados por la tragedia de la muerte de su nieta y su hijo.


El escritor estadounidense Paul Auster ha muerto este martes en Nueva York a los 77 años consecuencia del cáncer de pulmón que padecía, cuyo diagnóstico anunció públicamente hace un año su esposa, la también escritora Siri Hustvedt. Su muerte se produce pocos meses después de publicar Baumgartner, la novela en la que repasa cinco décadas de escritura y que constituye su testamento literario. Reconocido internacionalmente, tanto por su literatura como por sus incursiones en el cine —como la película Smoke, con Harvey Keitel en el papel protagonista—, autor de la aclamada Trilogía de Nueva York o la novela río 4 3 2 1, el carismático escritor y patrón laico de su barrio de adopción, Brooklyn, recibió numerosos premios —entre ellos el Príncipe de Asturias en 2006— aunque siempre le fuera esquivo el Nobel. Pero fue sobre todo el reconocimiento de la crítica —el suplemento literario del británico Times lo calificó como “uno de los escritores estadounidenses con una inventiva más espectacular”— el que forjó su estatura de gigante de las letras.

Aunque originario del Estado vecino de Nueva Jersey, Auster fue una de las luminarias de la escena cultural neoyorquina, de la que se retiró tras ser diagnosticado de cáncer. Visiblemente desmejorado incluso antes de conocerse la enfermedad que padecía, sus cada vez más contadas apariciones públicas, como por ejemplo el homenaje de autores a su amigo Salman Rushdie, víctima de un atentado en agosto de 2022, hacían presagiar un debilitamiento de su estado, que el doble mazazo familiar que sufrió al perder a su nieta y a su hijo en un breve periodo de tiempo, acabó de minar.

Novelista prolífico, escritor de memorias y guionista cuya fama eclosionó en la década de los ochenta con su reinvención posmoderna de la novela negra, Auster era descrito a menudo como una “superestrella literaria” en los medios de comunicación. Ligado a los ritmos de su ciudad adoptiva, que también fue un personaje en gran parte de su obra, permaneció fiel sobre todo a Brooklyn, donde se instaló en 1980 entre las calles bordeadas de robles de las brownstones, o tradicionales casas de piedra rojiza que constituyen la tipología de la zona de Park Slope, su barrio. A medida que crecía su reputación, Auster pasó a ser considerado un guardián del rico pasado literario de Brooklyn, de raigambre judía, y también el principal recambio de la generación que heredó al coloso Faulkner, con Philip Roth a la cabeza.

“Paul Auster era el novelista de Brooklyn en los años ochenta y noventa, cuando yo crecía allí, en una época en la que muy pocos escritores famosos vivían en el barrio”, ha declarado al diario The New York Times la escritora y poeta Meghan O’Rourke, criada en un barrio cercano al de Auster. “Sus libros estaban en las estanterías de todos los amigos de mis padres. De adolescentes, mis amigos y yo leíamos ávidamente su obra tanto por su extrañeza —ese toque de surrealismo europeo— como por su cercanía”.

Ese toque europeo le convirtió, como a Woody Allen y sus películas, en un creador especialmente apreciado en el Viejo Continente. En Francia —vivió de joven en París— ganó varios premios literarios y se convirtió en uno de esos contados estadounidenses que los franceses acogen como a un hijo adoptivo. “Auster es una estrella del rock en París”, escribió en 2007 la revista New York.

En el Reino Unido, su novela 4 3 2 1, publicada en 2017 y que ofrece cuatro versiones paralelas de los primeros años de vida de su protagonista —Ferguson, un niño judío nacido en Newark en 1947—, fue preseleccionada para el Premio Man Booker. Otro paralelo con el gran Roth, tal vez el padre literario al que nunca quiso matar para abrirse paso en el mundo de las letras: ambos con raíces judías y de Nueva Jersey.

Su carrera despegó en 1982, con sus memorias La invención de la soledad, una inquietante reflexión sobre su distante relación con su padre. Su primera novela, Ciudad de cristal, fue rechazada por 17 editoriales antes de ser publicada por un pequeño sello californiano en 1985. El libro se convirtió en la primera entrega de su obra más célebre, Trilogía de Nueva York, más tarde reunidas en un solo volumen. Fue una de las 25 novelas neoyorquinas más significativas de los últimos 100 años según un suplemento de estilo de The New York Times.

Ciudad de cristal es la historia de un escritor de novelas de misterio que se tambalea por una pérdida personal —un tema siempre presente en la obra de Auster, primero la de su padre y luego, en el último tramo de su vida, la doble tragedia de su nieta y su hijo a consecuencia de la adicción a las drogas de este― y que, a través de un número equivocado, es confundido con un detective privado llamado Paul Auster. El escritor comienza a asumir la identidad del detective, perdiéndose en un trabajo de investigador de la vida real mientras desciende hacia la locura.

Auster decía a menudo que prefería a Emily Brontë antes que a cualquier contemporáneo; evitaba los ordenadores y escribía a menudo con pluma estilográfica en cuadernos. Utilizaba luego su antigua máquina de escribir Olympia para mecanografiar sus manuscritos. Inmortalizó la máquina en su libro de 2002 La historia de mi máquina de escribir. Ejemplo de clásico moderno, o de moderno con maneras muy clásicas, Auster estaba casado con la escritora y ensayista Hudsvedt, también galardonada con el premio Príncipe de Asturias. En una publicación en la red social Instagram, la autora reflexionó sobre las paradojas que plantea acompañar a un enfermo y sobre la dureza de los tratamientos: “Vivir en un lugar llamado Cancerland”.

María Antonia Sánchez-Vallejo
Diario El País, Madrid, 1 de mayo de 2024
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Al apagarse a los 94 años la vida de Milan Kundera se silencia una de las voces más singulares de la literatura mundial contemporánea.

En efecto, este escritor de origen checo, disidente del régimen despótico instalado en su país luego del aplastamiento de la Primavera de Praga por los tanques de la URSS cultivó un estilo en el que el sarcasmo y la ironía fueron la nota característica.

Novelas tales como La broma exhiben cómo el control estatal y la dominación tornan sórdidas e irrespirables las vidas de hombres y mujeres sometidos al poder de la tecnoburocracia.

El movimiento de la Primavera de Praga fue el intento de lo que sus gestores llamaron "socialismo con rostro humano".

Milan Kundera apoyó con entusiasmo esa gesta popular aniquilada por los jerarcas de la URSS que no toleraban la disidencia al capitalismo de Estado.

Kundera fue más conocido por su libro La insoportable levedad del ser que refleja la alienación social, la incomunicación interpersonal, los malentendidos y el absurdo que acechan en la vida cotidiana.

Como se señala en una reseña en la novela La fiesta de la insignificancia "se proyecta luz sobre los problemas más serios sin pronunciar una sola frases seria estar fascinado por realidad del mundo contemporáneo y, a la vez evitar todo realismo.

Milan Kundera, hizo convivir en su libro La inmortalidad nada menos que Hemingway y a Goethe quienes pasean, conversan intensamente y se divierten a su manera.

Con la lectura de las obras de Milan Kundera comprendemos en parte nuestra paradójica vivencia en un mundo, grotesco, tragicómico pero que ha perdido en gran parte el sentido del humor.

Milan Kundera ya no está entre nosotros pero su legado de inconformista, rebelde e iconoclasta nos seguirá acompañando desde las páginas de sus libros plenos de lucidez e irreverencia.

Carlos A. Solero
Miércoles 12 de Mayo de 2023

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“Estamos conmocionados y llenos de tristeza por la muerte de nuestro querido amigo, familiar y miembro de nuestra banda Andy 'Fletch' Fletcher”, indica el mensaje compartido en las redes de Depeche Mode, uno de los grupos de música electrónica más míticos de la historia.

Los compañeros del tecladista destacaron que “Fletch tenía un corazón de oro y siempre estaba cuando necesitabas apoyo, una conversación viva, una buena risa o una cerveza fría”.

“Nuestro corazón está con su familia. Les pedimos que lo tengan en su pensamiento y que respeten la privacidad de sus familiares en este momento tan difícil”, expresaron en el comunicado los miembros de la banda británica de música electrónica Depeche Mode, formada en 1980 con Vince Clarke, Andy Fletcher, Martin Gore y David Gahan.

Fotos: Anton Corbijn
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Con dolor despedimos a quien fuera una de las "mujeres del país de La Matanza", como decía aquel cartel que nos recibía en la esxuelita del barrio María Elena cada vez que íbamos a filmar. 

En sus ojos percibíamos la calidez de su persona, pero también la convicción en las luchas, el sostén familiar, la crianza de los hijos bajo firmes ideales y la templanza para enfrentar las desigualdades buscando hacer una sociedad más justa. 

Fue un honor para quienes formamos parte del Grupo Documental 1ro de Mayo haber conocido a Nuria, y que su figura haya quedado plasmada en "Matanza". Ya estará caminando nuevamente de la mano de Ramón, sabiendo que el legado de ambos quedará para siempre entre su gente. 
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Este sábado 17 de agosto de 2019 falleció a los 93 años José Martínez Suárez.


Hijo de José Martínez Fernández, quien fuera presidente de la Junta de apoyo a la República Española en la provincia de Santa Fe, y de Rosa Suárez García, maestra que fue homenajeada con la imposición de su nombre a una de las aulas de la Escuela Número 178 “Juan Cañás”, donde se había desempeñado entre 1919 y 1936, Martínez Suárez nació en Villa Cañás, provincia de Santa Fe, el 2 de octubre de 1925.

Josecito, como desde siempre es conocido familiarmente, asistió al cine con fascinación y entusiasmo desde pequeño. El mejor amigo de su padre, el empresario Humberto Bianchi, era el dueño del cine contiguo a su casa. Su ámbito de juegos era el cine vacío y sentía pasión por la cabina de proyección y el aroma a acetato de los restos de película. “Los sábados a la tarde, nos íbamos a la entrada del pueblo para esperar a la chata que traía las copias de películas. Nosotros ayudábamos a subir las películas a la cabina. Y eran películas de gángsters, así que yo me nutrí del género negro, el que más me agrada”, confesó en una entrevista publicada por el diario Clarín el 8 de octubre de 2002.


Sus hermanas, las mellizas Chiquita y Goldie, apenas tenían ocho años y José iba a cumplir diez cuando su padre le dijo a su esposa: “Andá con los chicos a vivir a Rosario. Allá tendrán más oportunidades para estudiar. Yo sigo con la librería acá en Cañás y viajaré los fines de semana para verlos”. Rosa y sus tres hijos se instalaron en Rosario. Todos los sábados los cuatro esperaban a José en la avenida ubicada en la entrada de la ciudad, que era el paso obligado para llegar desde Villa Cañás.


"Mis abuelos eran andaluces. Vinieron de Uleila del Campo, una población campesina de la provincia de Almería. No creo que tuvieran ninguna actividad política. Él era escobillero y mi abuela ama de casa. Mi padre tuvo las primeras nociones de anarquismo trabajando en los galpones del ferrocarril Pacífico durante los años de la Primera Guerra Mundial en el pueblo bonaerense de Arribeños, vecino al límite con la provincia de Santa Fe", nos dijo en una ocasión.

"Recuerde que fue presidente de la Comisión de Ayuda al Pueblo Republicano Español en la provincia de Santa Fe y que por lo menos en un viaje lo acompané en auto a Bs. Aires custodiando camión (o camiones) con lo recolectado", agregó.

"Recuerdo el patio del depósito en el que se entregó la mercadería que consistía en ropa tejida de abrigo, mantsa, colchones, alimentos envasados...", decía José.


Luego de la muerte de su marido, Rosa y los chicos se mudaron a Buenos Aires. En el verano, Goldie, quien ya había adoptado el nombre de Silvia, fue consagrada Reina del Carnaval en los corsos de la Avenida de Mayo. Un año después, salió elegida Mirtha. Las dos lucieron vestidos cosidos y bordados a mano por su madre. Ninguna de las dos pasó inadvertida y cautivaron con su encanto y belleza. Así fue como fueron seducidas para actuar en cine, y de allí se dan, un poco por casualidad, los inicios de José en el ámbito cinematográfico, de la mano de las mellizas, a quienes comenzó a acompañar a los sets de filmación.

“Las acompañaba porque me gustaba ver la cámara, las órdenes, los actores, la toma”, cuenta en una entrevista en la revista “Viva” del 12 de marzo de 2006. Y continúa: “Una vez Goldie estaba filmando una película de noche y como yo estaba ahí me dijeron si quería hacer de extra. Y dije que sí. Me iban a dar cuatro o cinco pesos, estaba contento.” Pero el director, al ver el entusiasmo del chico de camisa a cuadros que ya se “había muerto cuatro veces”, tuvo que pedir por altavoz que “no se muera más”.


Como director realizó cinco películas, en un país que ha sido ingrato con la obra de la mayoría de sus cineastas, pero en especial de quienes pertenecieron a la llamada “Generación del '60”: El crack (1960), Dar la cara (1962), Los chantas (1975), Los muchachos de antes no usaban arsénico (1976) y Noches sin lunas ni soles (1984). Además, realizó el episodio La Salamanca de la película Viaje de una noche de verano (1965), y escribió junto a Gius el guión de La Mary (1974), dirigida por Daniel Tinayre, a quien asistió también en otras películas. Entre colaboraciones, asistencias y otros roles, ha participado en más de cuarenta películas. Sus inicios fueron en los recordados estudios Lumiton, y fue asistente de dirección, entre otros, de Mario Lugones, Manuel Romero, Lucas Demare y Leopoldo Torre Nilsson.


Sus obras generaron una visión original no sólo desde la temática sino también, y principalmente, desde lo estético. Los chantas es una crónica de un grupo de embusteros que sueñan con dar el “gran golpe”; Los muchachos de antes no usaban arsénico, cuya remake estrenó este año Juan José Campanella como El cuento de las comadrejas, es una gran película que en clave de humor negro habla de la Argentina de esos años nefastos; y Noches sin lunas ni soles, un policial con lo mejor del género, una historia “de chorros y policías”, de ese cine que lo apasionó desde pequeño.

Luego suplió la falta de hacer cine, o de dirigir, porque siguió con algunas colaboraciones y produciendo, a partir de la tarea docente que viene llevando a cabo. Formador de cineastas desde hace más de dos décadas, es un reconocido maestro que forma personas íntegramente, en charlas personales que mantiene en su domicilio. Entre sus alumnos pueden resaltarse los nombres de Juan José Campanella o Lucrecia Martel.


Dueño de una memoria prodigiosa y un entusiasmo sin límites, José lograba contagiar sus obsesiones y enseñanzas a todos los que lo rodean. Era imposible mantenerse indiferente ante su figura, y mucho menos ante su obra, pero quienes lo conocimos lo admiramos con intensa devoción. Casi como la que él tenía por Jorge Luis Borges, de quien era ávido lector.

Últimamente había recibido numerosas distinciones y reconocimientos en torno a su trayectoria y su obra, y seguía al frente del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, en el que demostraba no sólo su carisma, sino su plena vigencia intelectual, su eficacia profesional, ética y honestidad.


En lo personal, recuerdo haberlo conocido hace muchos años, apenas egresado del ENERC, cuando asistí a su taller particular en la casa de la Av. Coronel Díaz. Compartimos amistad y viajes, momentos de cine, chicanas futboleras, pasiones de todo tipo y hasta vino a mi casamiento con Eugenia. Lloré su muerte como pocas, me duele saber que no estará para saber de su buen humor constante. Me alegra que haya vivido tanto y tan bien. ¡Hasta siempre, José!

Emiliano Penelas
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El autor, considerado uno de los más influyentes de su generación. G., Siempre bienvenidos o Modos de ver son algunas de sus obras más conocidas.



El escritor, pintor, ensayista y poeta John Berger falleció este lunes a los 90 años en Antony (París), según confirmó la directora literaria de Alfaguara, María Fasce, a El País, tras hablar con una nieta del autor en Francia, quien afirmó: "Il est parti" (Partió).

John Berger era un experto en desapariciones. Toda su obra literaria es el testimonio de alguien que contempla un universo que se desvanece ante sus ojos, ya se trate de la gran pintura europea o de la vida en los pequeños pueblos de la Europa rural. Berger se formó como artista plástico pero se consagró como teórico cuando convirtió en un libro mítico —Modos de ver— una serie emitida en 1972 por la BBC. Lejos de cualquier análisis esotérico, aquel ensayo ilustrado demostró que se podría mantener la fascinación por un cuadro incluso después de rastrear las condiciones materiales en que fue encargado, pintado y expuesto.

El creador británico fue también poeta, guionista de cine, dramaturgo y colaborador de El País. El diario The Guardian lo definía recientemente como "uno de los escritores más influyentes de su generación". Nacido en Londres en 1926, entre sus obras más conocidas están El cuaderno de Bento, Con la esperanza entre los dientes, Siempre bienvenidos, The Seventh Man, Hacia la boda, Puerca tierra y Una vez en Europa. Y Alfaguara editó hace pocos meses Rondó para Beverly, un homenaje que el autor escribió junto con su hijo Yves para su esposa, fallecida en 2013. En julio de 2006, escribió un artículo titulado En defensa del pueblo palestino, junto con Noam Chomsky, Harold Pinter y José Saramago.

Tirando de los hilos que Walter Benjamin dejó lanzados en los años treinta, Berger demostró que el marxismo seguía siendo útil como herramienta de análisis cultural. De paso puso de manifiesto que, en manos de un genio, el arte nacido como propaganda —al servicio de un Papa, un rey o un noble— también puede convertirse en una vía de liberación. De eso, pero aplicado al siglo XX, trataba también su primera novela: Un pintor de nuestro tiempo (1958), que daba voz a un artista húngaro exiliado en Londres.

Guionista de varias películas de Alain Tanner, entre ellas Jonás, que cumplirá los 25 años en el año 2000, Berger se consagró como novelista al mismo tiempo que como divulgador del arte. En el mismo 1972 publicó G., una particular versión de los viajes de Casanova que se alzó con el Booker, cuya dotación el escritor compartió con los Panteras Negras. Aquella novela contenía toda una poética literaria que rompía con la narración lineal decimonónica y llenaba sus historias de voces que se superponían y contradecían. Ese es el muy reconocible tono Berger, que alcanzó su máxima cota en De sus fatigas, una trilogía que está entre lo mejor de la literatura universal de finales del siglo XX. Formada por dos libros de cuentos —Puerca tierra y Una vez en Europa— y una novela —Lila y Flag— que retratan la desaparición de la vida rural y el trasvase de los campesinos a las grandes ciudades. Berger vivía en un pueblo de la Alta Saboya francesa y las vidas de sus vecinos, con sus grandezas y mezquindades, podían tocarse en páginas que recuperan la fuerza de la oralidad tradicional sin maquillar la dureza de una vida ganada con las manos.

En 1995, cuando era reivindicado por los indignados del momento y, a la vez, reclamado como experto en los principales museos del mundo —el Prado entre ellos—, el escritor británico dio otra vuelta de tuerca a su obra literaria narrando una historia de amor en los tiempos del Sida: Hacia la boda. Esta vez los derechos de autor de aquel viaje por el viejo continente camino de unos esponsales estaban destinados a los comités de lucha contra el Sida de cada país en que se publicó. Ya fueran enfermos, campesinos, mendigos o inmigrantes, los desheredados de la tierra estuvieron siempre en el centro de la obra de John Berger, que llegó a escribir una novela —King— desde el punto de vista de un perro callejero. Nunca dejó de dibujar, de viajar en moto ni de escribir poemas. Fue el puente entre la gente de a pie y los grandes maestros de la pintura occidental. También la voz de los seres más frágiles, residuos del mundo moderno a los que su obra otorgó una dignidad de reyes.

Diario El País, Madrid
Lunes 2 de enero de 2017
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Hermosa versión de "In my life", de Los Beatles, recitada por Sean Connery y producida por George Martin, fallecido el 8 de marzo a los 90 años.
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Se han cerrado para siempre a los ochenta y cuatro años los ojos del gran director de cine italiano Ettore Scola.


La noticia nos conmueve. Cómo haremos para acostumbrarnos a saber que ya no está en este mundo el creador de Nos habíamos amando tanto, La familia, El baile y tantas otras películas extraordinarias.

Ettore Scola, un símbolo de una mirada y una concepción sensible de la vida en un planeta en el que reinan las mercancías aniquilando los nobles sentimientos.

Scola sabía manejar con su gigantesco talento las voces y los silencios, las miradas, las llegadas y las partidas, la ironía y la solidaridad.

Nos habíamos amado tanto es una parábola de la vida y sus avatares, la Segunda Guerra Mundial y un grupo de partisanos antifascistas, se reencuentran décadas después. El otrora líder del grupo Gianni Perego interpretado por Vittorio Gassman devenido abogado laboralista de izquierda termina casándose con la hija de un crápuloso empresario de la construcción. El personaje Nino Manfredi se transforma en enfermero y forma pareja y engendra hijos con su antigua camarada de lucha, encarnada por la actriz Stefania Sandrelli. Stefano satta Flores, es un maestro anarquista residente en un pueblo conservador y reaccionario del que casi expulsado. Los amigos de la etapa partisana no pueden creer que el antiguo y solidario Gianni se haya convertido en un burgués engreído. Ellos siguen fieles a su inquebrantable amistad, Gianni los ignora. Ettore Scola, muestra cómo según pasan los nosostros los de entonces continuamos siendo los mismos en lo esencial y otras personas se adaptan al mundo de la codicia y la miseria moral.

Ettore Scola nació en Trevico, Provincia de Avellino, Italia, el 10 de mayo de 1931 y murió en la ciudad de Roma, Italia, el 19 de enero de 2016. Realizó estudios de Derecho en la Universidad de Roma, durante los años cincuenta.

En su extensa filmografía es posible mencionar: Se permettete parliamo di donne (1964), Thrilling (1965) - episodio Il victimista, El millón de dólares (La congiuntura) (1965), El diablo enamorado (L'arcidiavolo) (1966), Riusciranno i nostri eroi a ritrovare l'amico misteriosamente scomparso in Africa? (1968), El comisario y la proxeneta (Il commissario Pepe) (1969), El demonio de los celos (Dramma della gelosia - tutti i particolari in cronaca) (1970), Un italiano en Chicago (Permette? Rocco Papaleo) (1971), Festival dell'Unità 1972 (1972) – documental, La più bella serata della mia vita (1972), Trevico-Torino - Viaggio nel Fiat-Nam (1973), Festival dell'Unità 72 (1973) – documental, Nos habíamos amado tanto (C'eravamo tanto amati) (1974), Carosello per la campagna referendaria sul divorzio (1975) – documental, Feos, sucios y malos (Brutti, sporchi e cattivi) (1976), Un día muy particular (Una giornata particolare) (1977), Los nuevos monstruos (I nuovi mostri) (1977), Buenas noches, señoras y señores (Signore e signori, buonanotte) (1978), La terraza (La terrazza) (1980), Entre el amor y la muerte (Passione d'amore) (1981),Vorrei che volo (1982) – documental, Il mondo nuovo (1982), La noche de Varennes (La nuit de Varennes) (1982), El baile (Ballando ballando) (1983), L'addio a Enrico Berlinguer (1984) – documental, Maccheroni (1985), La familia (La famiglia) (1987), Splendor (1989), Che ora è? (1989), Letras desde Palestina (Lettere dalla Palestina) (2002) – documental, Gente de Roma (Gente di Roma) (2003) y Qué extraño llamarse Federico (2013).

Carlos A. Solero
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David Bowie murió hoy a los 69 años.

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El director de fotografía de El francotirador, Blow Out y Encuentros cercanos del tercer tipo, entre otras, falleció el 1 de enero en Estados Unidos. Tenía 85 años.

Emiliano Penelas, Vilmos Zsigmond y James Chressanthis, Bafici 2009

Vilmos Zsigmond había nacido en Szeged, Hungría, el 16 de junio de 1930. Comenzó su carrera fotografiando la revolución en su país, en 1956, pero tras la invasión soviética escapó con las imágenes filmadas a los Estados Unidos junto a otro colega suyo, László Kovács. Allí pudieron vender el material a la CBS y con eso comenzar una promisoria carrera.

Su historia en Hollywood fue contada en el documental No Subtitles Necessary: Laszlo and Vilmos (2008), que se presentó en el Bafici, junto a varias clases magistrales dictadas por el propio Zsigmond y el director del film y también DF, James Chressanthis. 


Zsigmond trabajó con Robert Altman (Del mismo barro, Imágenes y Un adiós peligroso), Brian De Palma (Blow Out, Obsesión, La hoguera de las vanidades y La dalia negra) y Woody Allen  (Melinda, Melinda, El sueño de Cassandra y Conocerás al hombre de tus sueños), entre otros.

Ganó el Oscar a la mejor fotografía por Encuentros cercanos del tercer tipo (1978), de Steven Spielberg, y fue nominado por El francotirador (1979), de Michael Cimino,  Río violento (1985), de Mark Rydell y La dalia negra (2007).

En 2003, fue nombrado entre los diez directores de fotografía más influyentes de la historia del cine en un encuesta realizada por la American Society of Cinematographers, ASC.

Falleció el 1 de enero de 2016 en su casa de Big Sur, California, a los 85 años.
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A los 48 años, murió Person, baterista y cantante de Súper Ratones.


Esta mañana se conoció la triste noticia del fallecimiento de José Luis "Person" Properzi, cantante, compositor y baterista de Súper Ratones, banda que formó a los 17 años, comenzando en 1985.

Junto con el grupo grabaron 9 álbumes, música para películas, comerciales. Fueron nominados a los Grammys y a los Premios Gardel y recorrieron Argentina, America Latina y Europa con una infinidad de shows.

En lo personal, conocí a Person y los Súper Ratones filmando videoclips ("Cornalitos fritos", "El sueño que viví", "Acción!"), el EPK del disco "Urgente" y varias presentaciones en vivo. Un gran tipo, amable, generoso y cálido. ¡Adiós, Person!
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El domingo 24 encontraron muerto en su casa a Adrián Nievas, ex cantante de Adicta. Te vamos a extrañar, Toto.



Rudie Martínez, Fabio Rey y Toto, Adicta en Cemento. 
Fotos: Emiliano Penelas

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Hoy se fue el escritor uruguayo Eduardo Galeano, quien frecuentaba el Café Brasilero, uno de los íconos de su amada Montevideo, y en particular una mesa junto a la ventana, donde sus retratos lo recordarán por siempre.

Galeano nació en Montevideo el 3 de setiembre de 1940. Narrador, periodista y ensayista, se inició en el periodismo como caricaturista y cronista. Muy joven se desempeñó como secretario de El Sol y Marcha y fue director de Época.

Cada vez más interesado en la situación política contemporánea, en ese período dio a conocer en volumen China 1964, Crónica de un desafío (1964), Guatemala, clave de Latinoamérica (1967) y Reportajes (1967).

También publicó una breve novela –Los días siguientes- y un libro de cuentos –Los fantasmas del día del león- en cuyas páginas construyó atmósferas ambiguas, realidades y ámbitos cercanos y reconocibles y conflictos diversos estructurados bajo la influencia de la ficción norteamericana contemporánea, César Pavese y Juan Carlos Onetti, entre otros.

Su concisa y diestra escritura periodística se complementó con un más flexible y libre despliegue en su narrativa.

Otros tres títulos, conectados directamente al enfoque político,Siete imágenes de Bolivia (1971), Violencia y enajenación y Crónicas latinoamericanas, estuvieron precedidos por su ensayo más célebre y ambicioso, a medio camino entre la historia y el periodismo, Las venas abiertas de América Latina, reeditado y traducido a cerca de 20 idiomas, admirado, aplaudido, controvertido y atacado, de gran incidencia en vastos sectores sociales del continente.

Los cuentos de Vagamundo afianzaron su capacidad imaginativa y canalizaron una línea característica de su literatura en la que se conjugan la historia, el mito y la leyenda.

En esa misma dirección quedó orientada La canción de nosotros (premio Casa de las Américas, 1975), un testimonio que se desarrolla con una fuerte carga simbólica.

En 1973, se exilió en Buenos Aires donde fundó y dirigió la revista Crisis durante sus 40 primeros números. Después, cuando la represión en Argentina no le dejó margen, pasó a residir en España en 1976.


Dos años más tarde ganó el premio Casa de las Américas con Días y noches de amor y de guerra (1978), en el que compiló recuerdos, reflexiones, anécdotas y noticias, en breves, sobrias y sentenciosas narraciones, casi tan íntimas como tensas.

Las voces narrativas del autor, que fueron absorbiendo géneros literarios en un proceso de progresiva superposición, culminaron en una trilogía de acento épico, Memoria del fuego, cada uno de cuyos tomos llevaron como subtítulos Los nacimientos (1982), Las caras y las máscaras (1984) y El siglo del viento (1986). A principios de 1985, con la recuperación democrática regresó a Uruguay.

Dueño de un estilo personal, depurado e incisivo para sus fieles y renovados lectores, reiterativo según sus detractores, sumó otros títulos: Conversaciones con Raimón, Contraseña, El libro de los abrazos, Nosotros decimos no, Ser como ellos y otros artículos, Las palabras andantes, El fútbol a sol y sombra, Patas arriba. La escuela del mundo al revés, Bocas del tiempo, Espejos. Una historia casi universal. Entre varios importantes premios, recibió el American Book Award, el Aloa el premio a la Libertad Cultural de la Fundación Lannan y el Stig Dagerman.

Fuente: Diario El País de Montevideo.
Fotografías: Emiliano Penelas, www.lomoargentina.blogspot.com
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Uno de los más importantes cineastas y teóricos contemporáneo, Harun Farocki, falleció el miércoles a los 70 años. En 2011 el Cineclub La Rosa había hecho una retrospectiva de sus films, y el año pasado visitó la Argentina para dar una serie de conferencias y exponer sus instalaciones audiovisuales.


Farocki había nacido en 1944 en Novy Jicin (República Checa, en aquel momento, anexado a Alemania). En 1966 entró a la Academia de Cine y Televisión (DFFB) en Berlín, de la que fue expulsado en 1968 por razones políticas. Farocki ha escrito textos teóricos, guiones cinematográficos y televisivos. Su obra se expuso en la Documenta 12 de Kassel y en numerosas retrospectivas internacionales.

Sus primeras películas están marcadas por las ideas de la revolución cultural formuladas por la izquierda radical de la época. Fuego inextinguible (1968-69), sobre la fabricación de napalm para su uso en la guerra de Vietnam, toma uno de los temas por excelencia del movimiento estudiantil de esos años.

Paralelamente, realiza ensayos cinematográficos que cuestionan el uso del cine como medio pictórico. A través del montaje y la composición de imágenes filmadas y de archivo, Farocki produce un subtexto que deja al descubierto los contextos de significación técnicos, sociopolíticos y culturales en la producción, distribución y recepción de imágenes. En obras como Videogramas de una revolución (1992), realizada enteramente con found footage –imágenes tomadas de la televisión rumana–, Farocki configura un orden narrativo completamente nuevo. En estos trabajos, tematiza las interacciones entre los procesos históricos y su representación en los medios.

Desde finales de la década de 1990, Farocki profundiza en la creación de obras en video e instalaciones para contextos expositivos, como la Documenta 10, en 1997. Sus últimas instalaciones tratan acerca de la instrumentalización de la cámara como herramienta de supervisión y control: I Thought I Was Seeing Convicts (2001) revela la transición de una sociedad disciplinaria a una sociedad de control por medio del uso de imágenes de video de una cámara de seguridad. Del mismo modo, Eye / Machine (2002) muestra hasta dónde ha progresado el uso de imágenes con fines de supervisión técnica en los sectores civil y militar.

Con la colaboración del Goethe-Institut, el Cineclub La Rosa realizó una retrospectiva de sus films a fines de 2011, incluyendo cinco de sus trabajos más emblemáticos.
En 2013 visitó la Argentina, donde dio una serie de conferencias (aquí los videos de una de ellas), presentar trabajos audiovisuales en la Fundación Proa y presentar su libro Desconfiar de las imágenes.
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Los muertos fueron, durante muchos años, un tema recurrente de la fotografía. Última ocasión de retratar al ser querido, y momento de inmortalizarlo en un objeto imperecedero hicieron que familiares y deudos buscaran a los fotógrafos para este momento decisivo. Aquí, algunos ejemplos del historiador Abel Alexander.






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Había nacido como Olga Adela Zubarriain en Parque de los Patricios en 1930, y comenzó a trabajar en cine a los 13 años, y a los 16 protagonizó el primer desnudo (en realidad era solo su espalda) del cine argentino en El ángel desnudo (1946), de Carlos Hugo Christensen .


Filmó 63 películas, entre las que destacan Los pulpos (Christensen, 1948), El extraño caso del hombre y la bestia (Mario Soffici, 1951), El vampiro negro (Román Viñoly Barreto, 1953), A hierro muere (Manuel Mur Oti, 1961), Hijo de hombre (Lucas Demare, 1961), Invasión (Hugo Santiago, 1969), La Mary (Daniel Tinayre, 1974) y Crecer de golpe (Sergio Renán, 1976). También actuó en teatro y televisión. 
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Con 105 años, falleció este fotógrafo que trajo al país las vanguardias de Europa y reflejó a Buenos Aires y sus personajes como sólo los grandes saben hacerlo.



Horacio Cóppola es un símbolo de la fotografía argentina contemporánea. Su gran longevidad hizo que se mantuviera vigente en la escena artística local incluso en los comienzos de este convulsionado siglo XXI. Hacía ya muchos años que estaba retirado en su departamento de la calle Esmeralda; pero los homenajes se sucedieron sin pausa hasta la gran muestra, en honor a sus 100 años que tuvo lugar en el Malba en 2006.



El marchand y coleccionista Jorge Mara fue uno de los grandes impulsores de la obra de Horacio durante los últimos años. Gracias a esa inmensa tarea de investigación y divulgación es que el público en general conoce su increíble trayectoria.



Horacio Cóppla era más que nada, un hombre que reía. Su hermano mayor, a quién veneraba, lo introdujo en la pasión por la fotografía. Su temprana decisión de estudiar en la célebre escuela Bauhaus de Weimar influyó decisivamente no solamente es su camino como fotógrafo, y en su vida personal (en Alemania conoció a su primera esposa, la gran fotógrafa Grete Stern), si no también en el curso de la fotografía argentina contemporánea.


En los años 30 y 40 Horacio Cóppola era en el ambiente fotográfico de Buenos Aires un profesional inclasificable. Tenía la vocación y el espíritu innovador de un artista, y todas sus amistades estaban más relacionadas con ese mundo que con el cerrado círculo de las asociaciones de fotógrafos aficionados de la época. Tal vez el mejor ejemplo de su irreverencia fue su más celebrado reportaje: una visión desapegada y espontánea de la ciudad de Buenos Aires en la década del 30. Visión iluminada por el uso de una técnica novedosa para la época (el uso de las cámaras de pequeño formato) y una visión estética moderna; pero fundamentalmente por la influencia literaria de sus amigos Jorge Luis Borges y Leopoldo Marechal.

Desde la muerte de su última esposa Raquel Palomeque en 2004, Horacio hizo efectivo su retiro no solo de la fotografía, si no también de la memoria. Se convirtió en un anciano afable y bien dispuesto qué sonreía con la ingenuidad de un niño y colaboraba con la tarea de sus más queridos allegados en la difusión de su extensa obra.

Hace tres años lo visité en su casa por última vez. Fuimos con Ignacio Colo (de la redacción de LN) y el fotógrafo inglés Martín Parr, que quería conocerlo. Mientras tomábamos el té, Horacio desplegó sus álbumes de fotos y los miraba como si fuera la primera vez. Al tiempo que se sorprendía maravillado, cuando le decíamos que él mismo había tomado esas fotos hacía tantos años, nos explicaba con lujo de detalles las relaciones internas de composición de esas imágenes que, aparentemente, le resultaban desconocidas.

Su sonrisa agradecida se ensombreció cuando al pasar de las páginas se detuvo en un retrato de su esposa Raquel. En ese momento de inesperada congoja, un recuerdo involuntario se asomó a la desapegada contemplación del artista. Casi inmediatamente recuperó la alegría y continuó sus pequeños descubrimientos recorriendo cada una de sus fotos más logradas. Instantes después, se acercó a la ventana del living, sobre la calle Esmeralda. Le pregunté que lo hacía feliz. Se dio la vuelta hacia mi, y respondió: "Ver".

Daniel Merle
Diario La Nación
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Ray Bradbury, autor de Fahrenheit 451 y Crónicas marcianas, entre otros, murió en Los Ángeles a los 91 años.
Ray Bradbury, uno de los más prolíficos autores y referentes del mundo de la ciencia ficción, falleció hoy a los 91 años en la ciudad de Los Ángeles, donde residía desde hacía más de medio siglo. Había nacido el 22 de agosto de 1920 en Waukegan, Illinois, Estados Unidos.

Fue un niño extraordinariamente imaginativo y proclive a sufrir pesadillas y fantasías aterrorizadoras, que posteriormente desarrolló en sus escritos. A los doce años empezó a escribir cuatro horas diarias. Vendió su primer relato en 1941 y en 1943 se dedicó plenamente a la literatura. Crónicas marcianas (1950), una novela sobre la colonización y conquista de Marte, que le dio la fama y consolidó su posición como principal autor de ficción científica.

Allí refleja muchos de los temores presentes en la sociedad estadounidense de los años cincuenta, principalmente el miedo a una guerra nuclear, el deseo de llevar una vida sencilla y la reacción contra el racismo y la censura.

Defensor de los libros y las bibliotecas, Bradbury escribió luego Fahrenheit 451, otro de los hitos de su producción literaria, y en donde deja presente su visión humanista, y el sentido del ser humano en medio del universo.

Bradbury escribió también poesía, obras de teatro y guiones cinematográficos. Su obra sirvió también de influencia a otros escritores, artistas, profesores y científicos.
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