domingo, 15 de enero de 2012

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Cuentos glaciales 3

La educación
Él era tan educado que, antes de cruzar las puertas de la muerte, hizo que su esposa entrara en primer lugar.

El buen negocio
Al lado de la fábrica donde se producían los fósforos, aquel hombre de negocios había fundado una empresa donde se encendían los fósforos para comprobar si eran útiles.

La cifra
Cuando volvió a quedar embarazada, creyó que se volvería loca. Así y todo, muerta de miedo, dio a luz. Y el miedo fue incluso mayor al ver que la criatura viviría. Era su hijo número trece.
Trece, la cifra que temía más que a la vida o la muerte. Entonces, temerosa de una inminente desgracia, mató con sus propias manos a los otros doce hijos.

El acto
Eran muchos los que esperaban en el andén la llegada del subterráneo. Una decena, lás o menos. Esperaban con paciencia, desgastados por la rutina.
Les sorprendió, por eso, ver a un hombre bastante mayor que manifestaba cierta ansiedad. Hablaba con los usuarios, murmuraba unas palabras y les daba nerviosamente unos billetes.
- No, por favor, no me agradezcan -les decía-. Es para que tomen el taxi.
Ya se oía el rugido del subterráneo.
El hombre se arrojó a las vías poco antes de que llegara el subte, que no tuvo tiempo de frenar.
Aquel gesto desesperado provocó por dos horas, en efecto, la interrupción del servicio.

El ganador
Nunca había comprado un billete de lotería, pero a menudo pensaba en e! dinero de! premio mayor. Y un buen día, pensando en ello, ante sus ojos surgieron un nombre y una dirección. El nombre le era totalmente desconocido, al igual que la dirección.
Al día siguiente comprendió que aquél era el nombre del ganador, el nombre de quien había sido escogido por el azar de la lotería.
Desde entonces piensa regularmente en el ganador. Siempre sabe, de antemano, su nombre y su dirección.
Pero nunca sabe el número del billete ganador.

Cuentos glaciales, de Jacques Sternberg
Lea la primera tanda y la segunda.
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