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 Backstage de la famosa escena del plano secuencia de Inocencia y juventud, de Alfred Hitchcock. 







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La undécima temporada del Cineclub YMCA comienza como siempre con Alfred Hitchcock. En esta ocasión, dos películas en torno a trenes.



Miércoles 21 de marzo, 20 horas
LA DAMA DESAPARECE

(The lady vanishes, Gran Bretaña, 1938, blanco y negro, 97 minutos)
Dirección: Alfred Hitchcock
Elenco: Margaret Lockwood, Michael Redgrave, Dame May Whitty, Paul Lukas, Basil Radford, Naunton Wayne, Cecil Parker


La acción transcurre a bordo de un tren que atraviesa un país imaginario de Europa del Este, Bandrika, poco antes de la Segunda Guerra Mundial. Unos viajeros británicos que regresan a Londres por tren, y deben detenerse a pasar la noche en un pueblo remoto antes de seguir viaje. Una vez de regreso en el tren, una de las pasajeras desaparece, y otro de los pasajeros, una chica, intenta la búsqueda, pero nadie parece haber visto nunca a esa pasajera. El viaje en tren se va a convertir en una pesadilla, donde todo el mundo es sospechoso y tiene algo que ocultar.

"Importa mucho más el misterio central de la trama, la relación entre los protagonistas Lockwood y Redgrave y, sobre todo, el humor. Como dice el personaje de May Whitty, 'No se puede juzgar a un país por su política exterior. Fíjese en los británicos, por ejemplo, que personalmente somos buena gente'” (Malba).

Miércoles 4 de abril, 20 horas
PACTO SINIESTRO

(Strangers on a train, EE.UU., 1951, blanco y negro, 101 minutos)
Dirección: Alfred Hitchcock
Elenco: Farley Granger, Ruth Roman, Robert Walker, Leo G. Carroll, Patricia Hitchcock, Howard St. John, Laura Elliott, Marion Lorne

Durante un viaje en tren, Guy, un joven campeón de tenis (Farley Granger), es abordado por Bruno (Walker), un joven que conoce su vida y milagros a través de la prensa y que, inesperadamente, le propone un doble asesinato, pero intercambiando las víctimas con el fin de garantizarse recíprocamente la impunidad. Así podrían resolver sus respectivos problemas: él suprimiría a la mujer de Guy (que no quiere concederle el divorcio) y, a cambio, Guy debería asesinar al padre de Bruno para que éste pudiera heredar una gran fortuna y vivir a su aire.

Clásico del repertorio Hitchcockiano, antológica pieza de suspenso y crímenes intercambiables, Pacto siniestro está basado en la novela de Patricia Higsmith, más la colaboración en el guión del magistral Raymond Chandler. Es una joya del cine "noir" que muestra la extrema habilidad matemática, óptica, y técnica de Hitchcock al servicio del cine.

Más información en www.cineclubymca.blogspot.com
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Supongo que la mejor manera de comenzar un artículo sobre el placer del miedo sería probando que una cosa así existe. ¿Puede ser placentero el miedo? ¿O incluso agradable? Hace poco conversé sobre esto con un viejo amigo.



“El miedo”, me dijo, “es la menos placentera de todas las emociones. Sentí miedo cuando era niño y, después, en ambas guerras. No quiero que mis hijos lo sientan jamás. Creo que puede llegar a ser posible, si yo tengo voz y voto, que vivan todas sus vidas sin siquiera conocer el significado de la palabra”.

“Pero”, le dije, “¡qué perspectiva más terrible!”. Mi amigo me miró extrañado. “Lo digo en serio”, continué. “Los chicos nunca podrán subirse a una montaña rusa o escalar una montaña, o pasear a la medianoche por un cementerio. Y cuando crezcan” –mi amigo es un campeón de la motonáutica–, “no podrán ni sentarse en una lancha motora”.

“¿De qué estás hablando?”, me preguntó, francamente ofendido.

“Bueno, tomemos las carreras de lanchas, por ejemplo. Seamos honestos: ¿me dirás que lo que sientes, cuando te acercas demasiado a un poste o navegas en aguas bravas, con una lancha al lado y otra enfrente, no es miedo? ¿Vas a negar que un día en el agua sin miedo, sin esa sensación escalofriante cuando se te paran los pelos de la nuca, no sería más que un fracaso rotundo? Me parece que pagas muchísimo dinero al año sólo para sentir miedo. ¿Por qué se lo quieres negar a tus hijos?”.

“Nunca lo había pensado de ese modo”, me dijo. Y no lo había hecho.

Muy pocas personas lo hacen. Por eso, que yo afirme, con la más absoluta sinceridad, que todos los días millones de personas pagan sumas extraordinarias de dinero y hasta sufren grandes dificultades simplemente para disfrutar del miedo parece algo paradójico. No obstante, no es una exageración. Los empleados de las ferias dirán que las atracciones que convocan a la mayor cantidad de gente son aquellas que suscitan más miedo. Es más que obvio que el jugador de polo, el jinete de carreras de obstáculos, el corredor de carreras de lanchas y el cazador de zorros realizan estas actividades por la emoción que sólo el peligro puede provocar. El niño que camina por una cuerda floja o que anda en puntas de pie por encima de una cerca de madera sólo está buscando sentir miedo, al igual que el corredor de autos, el alpinista y el cazador.

Y eso es solamente el comienzo. Para cada persona que sale en busca del miedo en un sentido real o personal, millones lo buscan de forma indirecta, en el teatro y en el cine. En auditorios oscuros, se identifican con los personajes ficticios que sienten miedo y sienten, ellos mismos, esas sensaciones (el pulso acelerado, la palma seca y húmeda, etc.), pero sin pagar el precio. Que el precio no tenga que pagarse –de hecho, que no deba pagarse– es el factor importante. Pensemos, por ejemplo, en una de las situaciones clásicas que genera miedo: la legendaria, aunque ahora tristemente obsoleta, sierra circular que se acerca a la heroína atada y amordazada. Si este contratiempo angustiante fuera a existir en la vida real, la experiencia emocional de la chica indefensa sería todo menos agradable. Hasta el simple hecho de ver a una persona real en semejante situación sería sumamente desagradable. La matrona de clase media que mira –con los ojos casi fuera de órbita, presa de una emoción extática– cómo la hoja cinematográfica se acerca al cuello cinematográfico, sin duda alguna caería muerta si se encontrara ante un problema parecido en su hogar. Pero ¿por qué, entones, lo disfruta en una película?

Precisamente, porque no pagará el precio, y lo sabe. La sierra nunca alcanzará el deseado objetivo. El argumento puede sugerir (y, en efecto, debería de hacerlo) que el rescate de la heroína es absolutamente imposible. Pero, en lo más profundo de su subconsciente, el espectador tiene la certeza, engendrada por la asistencia a obras dramáticas similares, que lo absolutamente imposible sucederá. El héroe, a pesar de que nos acaban de mostrar que yace inconsciente en el fondo de un pozo, rodeado de serpientes de cascabel, aceite hirviendo y el olor de amargas almendras, aparecerá a tiempo para detener la sierra y atrapar al villano. O la sierra dejará de funcionar. O resultará que el villano se olvidó negligentemente de afilarla o, si es una sierra eléctrica, de pagar la factura. Teman y no teman: esa es la esencia del melodrama. Teman: es posible que la sierra descuartice a la ingenua. No teman: no va a pasar.

El miedo en el cine es mi campo de especialización y he clasificado –quizá de un modo algo dogmático, pero por una buena razón– el miedo cinematográfico en dos categorías generales: terror y suspenso. La diferencia entre ambos tipos es parecida a la diferencia que existe entre una bomba volante y un cohete V-2.

Quienes hayan vivido ataques de ambas bombas entenderán claramente la distinción. La bomba volante emite un sonido como el de un motor fuera de borda, y el traqueteo que desprende mientras cruza el aire sirve de aviso de su llegada inminente. Cuando el motor se detiene, la bomba inicia su descenso y, en breve, explotará. Los momentos entre que se escucha por primera vez el motor hasta que suena la explosión final son momentos de suspenso. El V-2, por otro lado, no produce sonido alguno hasta el momento de la explosión. Cualquiera que haya escuchado un V-2, y haya sobrevivido, ha experimentado terror.

Otro ejemplo, que la mayoría de nosotros ha vivido, aclara aun más la distinción. Al caminar por una calle mal iluminada por la madrugada, sin nadie a la vista, es posible que la mente le juegue una mala pasada a cualquiera. El silencio, la soledad y la penumbra pueden sentar las bases para que surja el temor. De repente, una forma oscura se lanza frente al caminante solitario. Terror. No importa que la forma sea una rama que se agita, un periódico levantado por una ráfaga de viento o, sencillamente, una sombra extraña que de improviso salta a la vista. Sea lo que sea, produce su momento de terror.

Es posible que el mismo caminante, en la misma calle, no suela sentir miedo. El sonido de pasos detrás de él puede provocar que primero sienta curiosidad; luego, ansiedad; y, por último, temor. El caminante se detiene, no se escuchan los pasos; el ritmo cardíaco se acelera, así como el tempo de los finos sonidos que brotan de la noche. Suspenso. ¿El eco de sus propios pasos? Seguramente. Pero suspenso.

En la pantalla, el terror es causado por la sorpresa; el suspenso, por los “avisos previos”. Supongamos, para aclarar todo esto, que nuestro argumento trata de una mujer casada que vive en Manhattan y que está envuelta en un lío amoroso con un joven granuja. El joven se percata de que el marido de su enamorada está en Detroit en un viaje de negocios y, de inmediato, se dirige al departamento de la dama. Los dos están ahí, llevando a cabo todas las actividades comprometedoras que permitan los censores. De pronto, la puerta se abre de par en par. Ahí está el esposo enfurecido, con una pistola en la mano. Consecuencia directa: terror. No hay ningún tipo de suspenso en la secuencia, ya que los amantes nunca dieron ninguna pista sobre la posibilidad de que el marido pudiera estar cerca y el público, que se identifica con ellos, comparte su conmoción ante la llegada.

Ahora bien, ¿cómo podríamos representar ese episodio si quisiéramos crear suspenso en lugar de terror? Recuerden nuestra regla: terror mediante sorpresa, suspenso mediante avisos previos. Entonces, comenzamos con los dos amantes en la habitación del hotel. Por medio de los fragmentos de conversación menos personales, nos enteramos de que piensan que el marido está en Detroit. Luego vemos al esposo, que desciende de un avión. Pero ¿qué es esto? ¡No es Detroit, sino Nueva York! Para quienes no conocen los dos aeropuertos, incorporamos una mirada significativa a alguna señal identificativa en el aeropuerto o, tal vez incluso mejor, a la patente del taxi mientras el marido da la dirección del hotel.

Volvemos a los dos amantes. Observen que, en este relato, el público no se puede identificar con ellos, ya que sabe lo que ambos ignoran: el esposo está de camino y los puede agarrar. Pero el público tampoco se puede identificar con el marido, porque sabe que el pobre tipo sólo sospecha que su esposa le es infiel. Ahora pasamos de una escena a otra entre los amantes y el marido. Ellos continúan haciendo el amor. El esposo baja del taxi. El joven se endereza la corbata y se prepara para irse. El esposo empieza a subir por las escaleras. ¿Llegará a tiempo? ¿Podrá escapar el joven? ¿Qué pasará si no lo logra? Estas son las preguntas que se hace el público y, ya sea que llegue o no a tiempo el marido, se ha creado una situación de suspenso.

A partir de lo anterior, resulta evidente que el suspenso y el terror no pueden coexistir. El nivel de sorpresa (o de terror) ante la eventual materialización del peligro indicado es proporcional al conocimiento que tenga el público de la amenaza o del peligro que corren las personas que está mirando (es decir, al grado de suspenso creado). Esto supone un lindo problema para el director y para el escritor de una película. ¿Es mejor disminuir el terror para realzar el suspenso? ¿O es mejor eliminar todo el suspenso y hacer que la sorpresa sea completa, que el terror sea igual de sobrecogedor para el público como lo es para los participantes ficticios?

Por lo general, el dilema del terror-suspenso se resuelve mediante una solución intermedia. Hay varias situaciones en una película; lo normal (y, en mi opinión, lo mejor) es hacer que la mayoría de las situaciones tengan suspenso y, unas cuantas, terror. De hecho, el suspenso se disfruta más que el terror, porque es una experiencia continua y va in crescendo, mientras que el terror, para ser verdaderamente eficaz, debe aparecer de golpe, como un rayo y, por lo tanto, es más difícil de saborear.

Sin embargo, existe un conflicto en el cine donde el miedo es el elemento principal y no admite concesiones. Es el conflicto entre la validez del argumento y de las situaciones y la garantía implícita dada al público de que no “pagará el precio” del miedo. Para el empleado de una montaña rusa es un problema sencillo; significa que, a pesar de que la atracción debe parecer lo más aterradora posible, en realidad debe ser completamente segura. La agradable sensación de miedo que se siente en una montaña rusa cuando el coche se acerca a una curva cerrada dejaría de existir si pensáramos de verdad por un momento que el coche podría derrapar. El público de una película está, por supuesto, seguro desde ese punto de vista. Aunque se utilicen cuchillos y armas en la pantalla, el público sabe que nadie les va a disparar o apuñalar. Pero el público también debe saber que los personajes de la película, con quienes se identifica profundamente, no pagarán el precio del miedo. Este conocimiento debe ser del todo subconsciente; el espectador debe saber que los miembros de la red de espionaje no lograrán tirar a Madeleine Carroll del Puente de Londres y, además, se debe lograr que el espectador olvide lo que sabe. Si no supiera, se preocuparía de verdad; si no se olvidara, se aburriría.

Todo esto significa lo siguiente: a medida que aumenta la simpatía de los espectadores por el personaje, aquellos suponen que se teje una especie de “capa invisible” para proteger a quien la lleve. Una vez que se establecen del todo las afinidades y se termina de elaborar la capa, no es justo –según la opinión del público y de muchos críticos– violar la capa y darle un fin nefasto a quien la use. Hice esto una vez, en una película llamada Sabotaje. Uno de los personajes era un niño pequeño, que propiciaba que el público se enamorara de él. Hice que el niño saliera a caminar por Londres con, según él, una lata de película bajo el brazo, pero el público sabía de sobra que en realidad contenía una bomba de tiempo. En este contexto, la capa protege al chico de la detonación prematura de la bomba. De todas formas lo hice volar por los aires, junto con varios otros pasajeros del autobús en el que estaba viajando.

Ahora bien, ese episodio de Sabotaje fue una negación directa de la capa invisible protectora que llevan los personajes con quienes nos identificamos en las películas. Además, dado que el público era consciente de que la lata contenía una bomba, a diferencia del niño, haber permitido que la bomba explotara fue una violación de la regla que prohíbe la combinación directa del suspenso y del terror, o de avisos previos y de sorpresa. Si el público no hubiera sabido qué escondía la lata, la explosión hubiera sido una sorpresa absoluta. Como resultado de una suerte de atontamiento emocional provocado por una conmoción de este tipo, creo que los espectadores no se habrían indignado tanto. Sin embargo, el público –y también los críticos– opinaron por unanimidad que tendría que haber sido yo el que viajaba en el asiento a la par del chico, preferentemente en el que dejó la bomba.

En Hitchcock por Hitchcock, ensayos y entrevistas.
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Con la proyección de Los pájaros, de Alfred Hithcock, en homenaje a Rod Taylor, el miércoles 15 de abril a las 20 horas dará comienzo la octava temporada consecutiva del Cineclub YMCA, en Reconquista 439, con entrada libre y gratuita.

LOS PÁJAROS
(The birds, Estados Unidos, 1963, color, 119 minutos)
Dirección: Alfred Hitchcock.
Elenco: Tippi Hedren, Rod Taylor, Jessica Tandy, Suzanne Pleshette, Veronica Cartwright, Ethel Griffies, Charles McGraw, Doreen Lang.

La película comienza en una pajarería en done fortuitamente se cruzan la hija de un magnate de la prensa, Melanie Daniels (Hedren), y un abogado, Mitch Brenner (Taylor), quien no presta mucha atención a la joven pese a su reconocida fama. Ella, molesta con la situación, decide volver a verlo yendo a su casa, en un lugar alejado donde de pronto se convierte en el blanco de ataques de aves de todas las especies. «Se podría decir que el tema de los Pájaros es el exceso de autosatisfacción que se observa en el mundo: la gente es inconsciente de las catástrofes que nos amenazan», diría el propio director sobre una película que se ha convertido en un clásico del cine de terror.

Más información: www.cineclubymca.blogspot.com
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Comienza la séptima temporada del Cineclub YMCA y lo hará con dos versiones de un mismo film que el maestro del suspense Alfred Hitchcock filmó con veintidós años de diferencia, en Inglaterra y Estados Unidos. Como siempre, las funciones son con entrada libre y gratuita en Reconquista 439.


Función 99 - Miércoles 30 de abril - 20 horas
EL HOMBRE QUE SABÍA DEMASIADO
(The man who knew too much, Gran Bretaña, 1934, blanco y negro, 75 minutos)
Dirección: Alfred Hitchcock
Elenco: Leslie Banks, Peter Lorre, Edna Best, Frank Vosper, Hugh Wakefield, Nova Pilbeam y Pierre Fresnay.


Bob y Jill Lawrence son un matrimonio que está de vacaciones en Suiza con su hija Betty. Allí entablan amistad con Louis Bernard, un francés que recibe un disparo en el corazón mientras baila con Jill. Justo antes de morir, Louis le pide a Bob que entregue a las autoridades unos documentos que tiene escondidos en su habitación. Bob descubre que Bernard era, en realidad, un espía británico que seguía los pasos de una misteriosa organización que planeaba asesinar a un político extranjero en Londres. A continuación Bob recibe la llamada de un desconocido que le exige que abandone el asunto o su hija sufrirá las consecuencias...

Función 100 - Miércoles 7 de mayo - 20 horas
EL HOMBRE QUE SABÍA DEMASIADO
(The man who knew too much, Estados Unidos, 1956, color, 120 minutos)
Dirección: Alfred Hitchcock
Elenco: James Stewart, Doris Day, Brenda de Banzie, Bernard Miles, Ralph Truman, Daniel Gélin y Alan Mowbray.

Una familia americana, compuesta por el doctor Ben MacKenna (James Stewart), su mujer (Doris Day) y su hijo Hank, está pasando unas vacaciones en Marruecos. Tras la muerte de un espía en brazos de Ben, mientras visitaban el mercado de Marrakech, el matrimonio descubre que su hijo ha sido secuestrado. Sin saber en quién confiar, los MacKenna se ven envueltos en una angustiosa pesadilla que tiene que ver con una operación de espionaje internacional. Hitchcock vuelve sobre la película que había filmado hacía más de 20 años mezclando conspiraciones, pistas falsas y malentendidos. Oscar a la mejor canción. Competencia oficial en el Festival de Cannes.

Más información: www.cineclubymca.blogspot.com
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En el ciclo “Literatura y Cine”, que tiene lugar en la 8ª Feria del Libro de Berazategui, se proyectará La sospecha (1941), de Alfred Hitchcock, con Gary Grant y Joan Fontaine, a las 19.30 horas del domingo 13 en la Sala 1 del Centro “Roberto De Vicenzo”, ubicado en la intersección de las calles 148 y 18 de esa localidad.

En dicho acto, el escritor Germán Cáceres se referirá a la novela Before the fact (1932), de Francis Iles (seudónimo de Anthony Berkeley), en la que se basó la película y que constituyó toda una renovación del género policial.
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Queridos amigos: si están leyendo esto es porque el mundo (o al menos Blogger) no se acabó este 2012. Quizás sí el próximo, pero por las dudas, volvimos a tropezar con la misma piedra que en 2009, 2010 y 2011, y acá están los libros transitados en estos doce meses, a pedido del público.

Enero
  • Open water diver manual, de PADI

Marzo
  • Advance open water diver manual, de PADI


Abril
  • El hombre como la sal del agua, de Lisandro Penelas

Mayo
  • 84, Charing Cross Road, de Helene Hanff
  • Jim, Jam y el otro, pólvora y chimangos, de Max Aguirre
  • Los enamorados, de Alfred Hayes 
  • Unos días en el Brasil, de Adolfo Bioy Casares 

Junio
  • Que el mundo me conozca, de Alfred Hayes 
  • El Sunset Limited, de Cormac McCarthy 
  • La memoria de Guayaquil, de René Favaloro 
Julio
  • Clave para un amor, de Adolfo Bioy Casares

Agosto
  • El cortador de cañas, de Junichiro Tanizaki
  • John Berger y los modos de mirar, de Marcos Mayer
  • El mar de coral, de Patti Smith
  • De las cosas maravillosas, de Adolfo Bioy Casares

Septiembre
  •  Imágenes en la maleta, de Ferruccio Musitelli



Octubre
  • Calicalabozo, de Andrés Caicedo



Noviembre 
  • Alfred Hitchcock, de Bruno Villien
  • El cine y lo que queda de mi, de Hernán Musaluppi
Diciembre
  • Nadie acabará con los libros, de Umberto Eco y Jean-Claude Carrière
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Y lo hace con blog propio para difundir sus actividades, en esta quinta temporada, que dará inicio el miércoles 18 de abril a las 19.30, en Reconquista 439, con la proyección deLa llamada fatal, de Hitchcock. La entrada es libre y gratuita. Más información: www.cineclubymca.blogspot.com



Función 69 - Miércoles 18 de abril
LA LLAMADA FATAL
(Dial M for murder, Estados Unidos, 1955, blanco y negro, 95 minutos)
Dirección: Alfred Hitchcock
Elenco: Grace Kelly, Ray Milland, Robert Cummings, John Williams, Anthony Dawson, Leo Britt, Patrick Allen, George Leigh.


Tony Wendice (Ray Milland), un frío y calculador ex tenista profesional, quiere asesinar a su bella esposa Margot (Grace Kelly), que sospecha que le es infiel, aunque lo que más le interesa es quedarse con su dinero. Para llevar a cabo su plan, chantajea a un antiguo camarada del ejército para que entre en la casa en su ausencia y estrangule a Margot.


Función 70 - Miércoles 2 de mayo
LARGA ES LA NOCHE
(Odd man out, Estados Unidos, 1947, blanco y negro, 101 minutos)
Dirección: Carol Reed
Elenco: James Mason, Robert Newton, Cyril Cusack, F.J. McCormick, William Hartnell, Fay Compton, Denis O'Dea, W.G. Fay, Maureen Delaney, Elwyn Brook-Jones, Robert Beatty, Dan O'Herlihy, Kitty Kirwan, Beryl Measor, Roy Irving, Joseph Tomelty, Arthur Hambling, Ann Clery, Maura Milligan, Maureen Cusack, Eddie Byrne, Kathleen Ryan.


Irlanda, principios del Siglo XX. Johnny Moqueen es uno de los militantes más importantes del Sinn Fein, la Organización que combate para la independencia del país. Para conseguir fondos de financiación, decide atacar un banco con dos cómplices suyos. Acosado y perseguido por la policía, anda solo, la noche, en el puerto de Belfast. Un trepidante thriller del maestro Carol Reed.

Función 71 – Miércoles 16 de mayo
M, EL VAMPIRO NEGRO
(M, Alemania, 1931, blanco y negro, 111 minutos)
Dirección: Fritz Lang
Elenco: Peter Lorre, Otto Wernicke, Gustav Gründgens, Theo Lingen, Theodor Loos, Georg John, Ellen Widman, Inge Landgut.

Un asesino de niñas tiene atemorizada a toda la ciudad. La policía lo busca frenética y desesperadamente, deteniendo a cualquier persona mínimamente sospechosa. Por su parte, los jefes del hampa, furiosos por las redadas que están sufriendo por culpa del asesino, deciden buscarlo ellos mismos. Magnífica y soberbia actuación de Lorre para un clásico de todos los tiempos, donde el genio de Fritz Lang silba como nunca.
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Atanción: cambio de fechas para el comienzo de la cuarta temporada del Cineclub YMCA, programada por un servidor, con el ciclo "Confabulaciones hitchcockianas", dedicado por supuesto al gran Maestro del Suspense. Con entrada libre y gratuita, segundo y cuarto miércoles de cada mes a las 20 horas, en Reconquista 439.


Función 39 - Miércoles 28 de abril
INTRIGA INTERNACIONAL
(North by Northwest, Estados Unidos, 1959, color, 130 minutos)
Dirección: Alfred Hitchcock
Elenco: Cary Grant, Eva Marie Saint, James Mason, Martin Landau, Leo G. Carroll, Josephine Hutchinson, Philip Ober, Edward Platt y Jessie Royce Landis.
Sinopsis: Típico malentendido hitchcockiano en el que un ejecutivo del mundo de la publicidad (Cary Grant) es confundido con un agente secreto. En su escape, de Nueva York al Monte Rushmore, el maestro del suspense despliega muchas de sus mejores escenas para hacer de North by northwest una de las más atrapantes películas de espionaje que se hayan filmado.


Función 40 – Miércoles 12 de mayo
EL HOMBRE QUE SABÍA DEMASIADO
(The Man Who Knew Too Much, Estados Unidos, 1956, color, 120 minutos)
Dirección: Alfred Hitchcock
Elenco: James Stewart, Doris Day, Brenda de Banzie, Bernard Miles, Ralph Truman, Daniel Gélin y Alan Mowbray.
Sinopsis: Una pareja estadounidense pasa sus vacaciones en Marruecos junto con su hijo cuando éste es secuestrado en un mercado, tras la muerte de un espía. James Stewart y Doris Day, indefensos y sin nadie en quien confiar, se ven envueltos en una trama angustiante e inquietante en medio de una verdadera confabulación de espionaje. Remake que incluso supera la versión original, filmada por el propio Hitchcock en Gran Bretaña, 22 años antes.
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Coordinado por Emiliano Penelas, comienza sus funciones el Cineclub YMCA. Las funciones serán en el auditorio de la Asociación Cristiana de Jóvenes/YMCA, Reconquista 439, 2º piso, con entrada libre y gratuita.


Función 1 - Miércoles 5 de marzo 19 hs.
VÉRTIGO (Idem, EE.UU, 1958, color, 128 minutos)
Dirección: Alfred Hitchcock
Intérpretes: James Stewart, Kim Novak, Barbara Bel Geddes, Tom Helmore y Henry Jones.
Scottie Ferguson es detective de la policía de San Francisco y sufre de vértigo, lo que lleva a que, luego de un accidente, sea expulsado de la fuerza. Un colega lo contrata para vigilar a su esposa Madeleine (Kim Novak), hermosa mujer obsesionada con su pasado. Después de seguirla y observarla durante unos días, Scottie, magistralmente interpretado por James Stewart, ingresa, literalmente, en un espiral obsesivo con esa mujer y su pasado. Considerada por muchos la gran película del maestro del suspenso, Alfred Hitchcock.

Función 2 – Miércoles 19 de marzo 19:30 hs.
SUNSET BOULEVARD (Idem, EE.UU., 1950, blanco y negro, 110 minutos)
Dirección: Billy Wilder
Intérpretes: William Holden, Gloria Swanson, Erich von Stroheim, Nancy Olson, Fred Clark y Cecil B. DeMille.
Pieza clave de Billy Wilder en donde muestra, con ironía y sarcasmo, los propios excesos de Hollywood. Las viejas estrellas olvidadas, los guiones que no se realizan, las carreras cortadas, los egos y el eterno deseo de querer volver a ser el que se era. Norma Desmond, por Gloria Swanson, encierra todo eso en el papel de la antigua actriz del cine mudo que vive alejada de la realidad, en su mansión, esperando que un joven guionista corrija el libro con el que recuperará el esplendor perdido.


Función 3 - Miércoles 9 de abril 19:30 hs.
EL CIUDADANO (Citizen Kane, EE.UU., 1941, blanco y negro, 119 minutos)
Dirección: Orson Welles
Intérpretes: Orson Welles, Joseph Cotten, Dorothy Comingore, Ray Collins y George Coulouris.
Más que una gran película, se trata de la obra maestra de un genio de tan sólo 26 años. La excusa de filmar la historia de Charles Foster Kane, magnate inspirado en William Randolph Hearst, le sirve a Welles para revolucionar la forma de narrar, reconstruyendo la historia del hombre que de no poseer nada pasó a tenerlo todo en su majestuosa mansión, Xanadú. La última palabra pronunciada por Kane, “Rosebud”, es la intriga más hermosa de la historia de Hollywood, y el punto de partida de este sorprendente film considerado, con justicia, el mejor de todos los tiempos.

Función 4 - Miércoles 23 de abril 19:30 hs.
LA CARTA (The letter, EE.UU., 1940, blanco y negro, 95 minutos)
Dirección: William Wyler
Intérpretes: Bette Davis, Herbert Marshall, James Stephenson, Frieda Inescort, Gale Sondergaard y Bruce Lester.
Leslie (Bette Davis) mata a tiros a un amigo de su marido, administrador de una plantación de caucho en Malasia. Alega que fue en defensa propia y su equilibrio y estoicismo convencen a todos de que así fue. Hasta que su abogado defensor recibe la copia de una carta que puede incriminarla. De manera magistral, Wyler plantea como ejes centrales de la película la duda, la incertidumbre, la intriga. La primera escena, magistral, será difícil de olvidar por los espectadores.

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