Museo Torres García


 


En el marco de la celebración del 150 aniversario de Joaquín Torres García, el Museo Torres García organiza, colabora y apoya actividades conmemorativas y culturales en diversos países como España, México, Argentina, Brasil y Uruguay.


Piso 1 - Clásico

El clasicismo de Joaquín Torres García es profundamente humanista. Representa al ser humano en armonía con la naturaleza y en armonía con su propia naturaleza. La figura humana representa el ser y estar de lo humano. Un hombre, una mujer, una madre, un anciano. Un labrador, un músico, una bailarina. Arquetipos humanos, presencias que se encarnan.



Torres García realiza un clasicismo moderno. Moderno porque es deliberadamente consciente de sus medios plásticos; la línea austera, quebrada, los tonos y los colores, la geometría de las formas. Y al igual que en arte griego que toma como referencia, esos medios plásticos no traicionan la belleza y el carácter propio de aquello que es representado si no que le son acordes.



Piso 2 - Moderno

En 1916 Joaquín Torres García comienza una nueva búsqueda en la que asimila los cambios radicales del arte moderno. Esto provoca una ruptura con el pasado, redirigiendo su mirada al presente, el ahora, lo actual. La ciudad moderna se hace protagonista de su obra y al representarla, el pintor fractura el espacio real y recompone sus fragmentos en un orden puramente plástico, organizando de una manera inédita el dinámico caleidoscopio de la modernidad.



Permanece dos años en la ciudad de Nueva York, que nutre su obra de una riquísima experiencia visual. En un breve período incursiona en múltiples medios; pinta, hace murales, acuarelas, sténcil, collages, juguetes y esculturas en madera.



Piso 3 - Universal

En el Arte Constructivo Universal, Torres García abandona la idea moderna de un arte autónomo, puramente plástico y busca que, como en la antigüedad remota, el objeto artístico sea en realidad un objeto cultural, portador de un significado trascendente.



Como en las grandes culturas del pasado, los elementos de la obra no son representaciones de cosas, sino símbolos que buscan conectar con el mundo interior y arquetípico de los individuos. Busca ser un arte de una religiosidad laica, desligado de toda tradición particular, y por eso universal.



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