sábado, 20 de agosto de 2011

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El amigo de Baudelaire

Un hombre, cuando escribe para que lo lean otros hombres, miente. Yo, que escribo para mí, no me oculto la verdad. Digo: no temo descubrir, ante mí, lo que oculto a los demás.


Me atengo a una sola ley: no hay comercio entre lo que escribo y yo. Nadie vende, nadie miente. Nadie compra, nadie es engañado.

No afronto, tampoco, y no vaya olvidado, el miedo que devasta, frente a la hoja en blanco, al que escribe para los otros. No corro el riesgo de que alguien me reproche mis faltas de buen gusto y mis atentados, si los hay, a la ortodoxia de la prosa castellana. Ni que me asalte el anhelo (dicen que es irreprimible) de sustituir a Dios, que suele terminar en una boutade tan torpe y patética y expiatoria como la que se le escuchó a M. Flaubert cuando le preguntaron quién era Mme. Bovary.

¿Escribo lo que temo olvidar? Sí.

¿Temo descubrir, ante mí, lo que oculto a los demás? Sí.

¿Escribo lo que deseo olvidar? Sí.

Para que pueda creer en lo que escribo: no al énfasis, no al asombro.


A los veinticinco años, en París, me recibí de abogado. Y a los treinta y ocho, cené con Charles Baudelaire.

Él, a su manera abrupta, me preguntó: Usted, ¿qué hace, además de ser argentino? Miré al bueno de Baudelaire, vestido de negro, y le sonreí. Era agosto, y yo era joven, y hacía calor en París, pero una brisa fresca venía del Sena, y se estaba bien en el café. Alcé mi copa, y él la suya, y las vaciamos, y le contesté, sin titubear, por encima de las velas, en un francés que, ahora, me envidio: Gasto el dinero de mi padre. Y cuando extraño a la patria, cuando supongo que sus todavía escasos e incomparables mitos flaquean en mi memoria, lo leo, amigo mío. Baudelaire me miró, y levantó su copa vacía, y me saludó, halagado, creo. Dije lo que dije esa noche, porque era joven, sano y bello y seductor, en opinión de algunas damas a las que les aseguré un mes, no más de un mes, de discreto pasar. Y estaba persuadido, cuando me miraba en el espejo, desnudo, de que era inmortal.

El amigo de Baudelaire, de Andrés Rivera
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