lunes, 14 de marzo de 2011

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A través de Los Andes

de Mariano Antonelli
(La Duendes, Comodoro Rivadavia, 2010, 116 páginas)


Es sumamente interesante el prólogo que escribió este “narrador gráfico”, como se define Antonelli. No se propuso registrar la historia del cruce de Los Andes –aunque hay por parte del autor un serio y profundo trabajo de investigación-, sino realizar una historieta de aventuras partiendo de ese hecho heroico. Y en esta óptica tuvo especial relevancia el periplo que él mismo acometió a dedo desde Mendoza a Valparaíso en enero de 2007 junto a tres amigos: “El impacto de transitar esas gigantescas montañas, sentir esos gélidos vientos (...) hizo que fuera casi imposible no plantearse el cruce los Andes como una historia plenamente de aventuras”.

Esta proeza sanmartiniana es presentada por Antonelli como una suerte de obsesión, que la emparienta con la que sufrió el capitán Ahab por la tremenda ballena Moby Dick, tan luminosamente blanca como esas cimas nevadas –surcadas por un sugestivo gris compuesto de prolijos trazos- que su dibujo resalta contraponiéndolas con negros plenos.

La potencia de la roca y la fuerza telúrica del paisaje priman en su estética. Otra originalidad es su audacia para diseñar los personajes –incluso San Martín- con rasgos caricaturescos y dotar a su grafismo de modalidades naif. Hay viñetas de página entera en blanco, sólo interrumpidas por pequeños detalles urdidos con manchas negras y algunas líneas espaciadas que apelan a la síntesis. Por momentos, la cordillera parece una enorme gruta, una descomunal caverna, como si en el fondo la hazaña del Libertador hubiese sido espeleológica. De esta forma surgen una serie de secuencias de gran belleza plástica.

El guión de Antonelli sostiene una sólida narración no obstante la abundante información que brinda. El historietista transforma a San Martín en un héroe de aventuras que se agarra desesperadamente de una soga para no caer en un precipicio. En otro tramo, se bate sable en mano con un desertor del ejército chileno y hasta llega a darle un puñetazo. Para dar cuenta cabal de los peligros de ese cruce, no sólo recurre a enormes onomatopeyas, sino que también despoja a los cuadritos de sus bordes.

Resulta evidente que una de las metas de Mariano Antonelli es desacralizar la figura del Libertador, pero ese rasgo nada convencional se transforma en una actitud altamente enaltecedora, ya que es exhibido como un hombre con objetivos claros y poseedor de un temple de acero para aceptar el dolor ante la inevitable muerte de muchos de sus soldados. Se lo muestra sufriendo insomnio como también asediado por pesadillas en las que dialoga con la cordillera.

En suma, A través de Los Andes es una relectura creativa y valiosa de esa inmensa gesta (y aventura) concretada por San Martín.

Germán Cáceres
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