miércoles, 9 de marzo de 2011

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El teatro y los niños 2

AA.VV.
Selección y prólogo a cargo de Nora Lía Sormani
(Editorial Atuel, Buenos Aires, 2011,192 páginas)


En su esclarecedor y conceptual prólogo, Nora Lía Sormani afirma que “la función fundamental del niño espectador debe ser la de observar, mirar, contemplar los mundos poéticos, y dejarse afectar emocional, estética, lúdica e ideológicamente por ellos”. Y más adelante agrega que las seis “obras incluidas en esta antología siguen esta línea de teatro de arte, dramaturgia de calidad que propone un juego simbólico significativo desde el escenario y estimula la expectación y la autonomía imaginativa del niño”. Pero esta breve introducción va más allá del teatro para chicos, es una aguda reflexión que merece analizarse en todo el ámbito de los estudios dramáticos.

Una aventura en el ciberespacio, de Germán Cáceres, es una obra encantadora, plena de humor, en la cual cuatro amiguitos viven una singular experiencia propia de la ciencia ficción. Registra un mundo tecnológico –computadoras, celulares, juegos de rol- que, unido a la temática fantástica, captará con seguridad la atención de los niños.

Leonel Giacometto se inspiró en un cuento popular cuzqueño para componer La danza del cóndor, un bello y poético texto que expone interesantes parlamentos entre un cóndor, una mujer y un picaflor. Se respira sensibilidad y sutileza, la que indudablemente reclamará del mirar asombroso de la niñez.

En busca de la felicidad perdida, de Eleonora Lotersztein, adapta y pone en escena El pájaro azul, de Maurice Maeterlink. Es una pieza ágil, dinámica y divertida, con canciones y juegos de palabras que señalan que la felicidad reside en nuestro interior, no siendo necesario salir a buscarla fuera de nuestro entorno.

Popi, la tía mágica, de María Rosa Pfeiffer, es una comedia musical que -con suma alegría y ritmo trepidante- apela a la libertad de conducta, al abandono de la rigidez y los estereotipos. Las pegadizas letras de las canciones contagian su clima celebratorio.

Como el mismo Fabián Sevilla aclara, Nariz fugitiva es una versión más que libre del cuento “La nariz”, de Nicolai Gogol. Como resultado ofrece un texto creativo, rico en ocurrencias, y utiliza inteligentemente el espacio escénico mientras la acción se torna vertiginosa.

Con talento y audacia, Patricia Suárez pone a prueba la imaginación infantil en Reloj cucú, una obra chispeante, original, de tono y clima lunáticos. Es un lúdico planteo cuyo espíritu abreva en lo más festivo del teatro del absurdo. Muy logrados los diálogos.

Juan Carlos Licastro
juancarloslicastro@gmail.com
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2 comentarios:

vero arditi. dijo...

cuanta cultura en este blog... alguien se tiene que ocupar.

Nido de caranchos dijo...

Después de las salchipapas...