El autor, considerado uno de los más influyentes de su generación. G., Siempre bienvenidos o Modos de ver son algunas de sus obras más conocidas.
El escritor, pintor, ensayista y poeta John Berger falleció este lunes a los 90 años en Antony (ParÃs), según confirmó la directora literaria de Alfaguara, MarÃa Fasce, a El PaÃs, tras hablar con una nieta del autor en Francia, quien afirmó: "Il est parti" (Partió).
John Berger era un experto en desapariciones. Toda su obra literaria es el testimonio de alguien que contempla un universo que se desvanece ante sus ojos, ya se trate de la gran pintura europea o de la vida en los pequeños pueblos de la Europa rural. Berger se formó como artista plástico pero se consagró como teórico cuando convirtió en un libro mÃtico —Modos de ver— una serie emitida en 1972 por la BBC. Lejos de cualquier análisis esotérico, aquel ensayo ilustrado demostró que se podrÃa mantener la fascinación por un cuadro incluso después de rastrear las condiciones materiales en que fue encargado, pintado y expuesto.
El creador británico fue también poeta, guionista de cine, dramaturgo y colaborador de El PaÃs. El diario The Guardian lo definÃa recientemente como "uno de los escritores más influyentes de su generación". Nacido en Londres en 1926, entre sus obras más conocidas están El cuaderno de Bento, Con la esperanza entre los dientes, Siempre bienvenidos, The Seventh Man, Hacia la boda, Puerca tierra y Una vez en Europa. Y Alfaguara editó hace pocos meses Rondó para Beverly, un homenaje que el autor escribió junto con su hijo Yves para su esposa, fallecida en 2013. En julio de 2006, escribió un artÃculo titulado En defensa del pueblo palestino, junto con Noam Chomsky, Harold Pinter y José Saramago.
Tirando de los hilos que Walter Benjamin dejó lanzados en los años treinta, Berger demostró que el marxismo seguÃa siendo útil como herramienta de análisis cultural. De paso puso de manifiesto que, en manos de un genio, el arte nacido como propaganda —al servicio de un Papa, un rey o un noble— también puede convertirse en una vÃa de liberación. De eso, pero aplicado al siglo XX, trataba también su primera novela: Un pintor de nuestro tiempo (1958), que daba voz a un artista húngaro exiliado en Londres.
Guionista de varias pelÃculas de Alain Tanner, entre ellas Jonás, que cumplirá los 25 años en el año 2000, Berger se consagró como novelista al mismo tiempo que como divulgador del arte. En el mismo 1972 publicó G., una particular versión de los viajes de Casanova que se alzó con el Booker, cuya dotación el escritor compartió con los Panteras Negras. Aquella novela contenÃa toda una poética literaria que rompÃa con la narración lineal decimonónica y llenaba sus historias de voces que se superponÃan y contradecÃan. Ese es el muy reconocible tono Berger, que alcanzó su máxima cota en De sus fatigas, una trilogÃa que está entre lo mejor de la literatura universal de finales del siglo XX. Formada por dos libros de cuentos —Puerca tierra y Una vez en Europa— y una novela —Lila y Flag— que retratan la desaparición de la vida rural y el trasvase de los campesinos a las grandes ciudades. Berger vivÃa en un pueblo de la Alta Saboya francesa y las vidas de sus vecinos, con sus grandezas y mezquindades, podÃan tocarse en páginas que recuperan la fuerza de la oralidad tradicional sin maquillar la dureza de una vida ganada con las manos.
En 1995, cuando era reivindicado por los indignados del momento y, a la vez, reclamado como experto en los principales museos del mundo —el Prado entre ellos—, el escritor británico dio otra vuelta de tuerca a su obra literaria narrando una historia de amor en los tiempos del Sida: Hacia la boda. Esta vez los derechos de autor de aquel viaje por el viejo continente camino de unos esponsales estaban destinados a los comités de lucha contra el Sida de cada paÃs en que se publicó. Ya fueran enfermos, campesinos, mendigos o inmigrantes, los desheredados de la tierra estuvieron siempre en el centro de la obra de John Berger, que llegó a escribir una novela —King— desde el punto de vista de un perro callejero. Nunca dejó de dibujar, de viajar en moto ni de escribir poemas. Fue el puente entre la gente de a pie y los grandes maestros de la pintura occidental. También la voz de los seres más frágiles, residuos del mundo moderno a los que su obra otorgó una dignidad de reyes.
Diario El PaÃs, Madrid
Lunes 2 de enero de 2017
El escritor, pintor, ensayista y poeta John Berger falleció este lunes a los 90 años en Antony (ParÃs), según confirmó la directora literaria de Alfaguara, MarÃa Fasce, a El PaÃs, tras hablar con una nieta del autor en Francia, quien afirmó: "Il est parti" (Partió).
John Berger era un experto en desapariciones. Toda su obra literaria es el testimonio de alguien que contempla un universo que se desvanece ante sus ojos, ya se trate de la gran pintura europea o de la vida en los pequeños pueblos de la Europa rural. Berger se formó como artista plástico pero se consagró como teórico cuando convirtió en un libro mÃtico —Modos de ver— una serie emitida en 1972 por la BBC. Lejos de cualquier análisis esotérico, aquel ensayo ilustrado demostró que se podrÃa mantener la fascinación por un cuadro incluso después de rastrear las condiciones materiales en que fue encargado, pintado y expuesto.
El creador británico fue también poeta, guionista de cine, dramaturgo y colaborador de El PaÃs. El diario The Guardian lo definÃa recientemente como "uno de los escritores más influyentes de su generación". Nacido en Londres en 1926, entre sus obras más conocidas están El cuaderno de Bento, Con la esperanza entre los dientes, Siempre bienvenidos, The Seventh Man, Hacia la boda, Puerca tierra y Una vez en Europa. Y Alfaguara editó hace pocos meses Rondó para Beverly, un homenaje que el autor escribió junto con su hijo Yves para su esposa, fallecida en 2013. En julio de 2006, escribió un artÃculo titulado En defensa del pueblo palestino, junto con Noam Chomsky, Harold Pinter y José Saramago.
Tirando de los hilos que Walter Benjamin dejó lanzados en los años treinta, Berger demostró que el marxismo seguÃa siendo útil como herramienta de análisis cultural. De paso puso de manifiesto que, en manos de un genio, el arte nacido como propaganda —al servicio de un Papa, un rey o un noble— también puede convertirse en una vÃa de liberación. De eso, pero aplicado al siglo XX, trataba también su primera novela: Un pintor de nuestro tiempo (1958), que daba voz a un artista húngaro exiliado en Londres.
Guionista de varias pelÃculas de Alain Tanner, entre ellas Jonás, que cumplirá los 25 años en el año 2000, Berger se consagró como novelista al mismo tiempo que como divulgador del arte. En el mismo 1972 publicó G., una particular versión de los viajes de Casanova que se alzó con el Booker, cuya dotación el escritor compartió con los Panteras Negras. Aquella novela contenÃa toda una poética literaria que rompÃa con la narración lineal decimonónica y llenaba sus historias de voces que se superponÃan y contradecÃan. Ese es el muy reconocible tono Berger, que alcanzó su máxima cota en De sus fatigas, una trilogÃa que está entre lo mejor de la literatura universal de finales del siglo XX. Formada por dos libros de cuentos —Puerca tierra y Una vez en Europa— y una novela —Lila y Flag— que retratan la desaparición de la vida rural y el trasvase de los campesinos a las grandes ciudades. Berger vivÃa en un pueblo de la Alta Saboya francesa y las vidas de sus vecinos, con sus grandezas y mezquindades, podÃan tocarse en páginas que recuperan la fuerza de la oralidad tradicional sin maquillar la dureza de una vida ganada con las manos.
En 1995, cuando era reivindicado por los indignados del momento y, a la vez, reclamado como experto en los principales museos del mundo —el Prado entre ellos—, el escritor británico dio otra vuelta de tuerca a su obra literaria narrando una historia de amor en los tiempos del Sida: Hacia la boda. Esta vez los derechos de autor de aquel viaje por el viejo continente camino de unos esponsales estaban destinados a los comités de lucha contra el Sida de cada paÃs en que se publicó. Ya fueran enfermos, campesinos, mendigos o inmigrantes, los desheredados de la tierra estuvieron siempre en el centro de la obra de John Berger, que llegó a escribir una novela —King— desde el punto de vista de un perro callejero. Nunca dejó de dibujar, de viajar en moto ni de escribir poemas. Fue el puente entre la gente de a pie y los grandes maestros de la pintura occidental. También la voz de los seres más frágiles, residuos del mundo moderno a los que su obra otorgó una dignidad de reyes.
Diario El PaÃs, Madrid
Lunes 2 de enero de 2017
El Cineclub La Rosa cierra la décima temporada con la proyección de "Sherlock Jr", de Buster Keaton, en fÃlmico y con música en vivo por Juan Ninotti.
Además, se proyectan cortos en 16mm de una animación checoslovaca y del Pájaro Loco.
Será el miércoles 21 de diciembre a las 20hs en Austria 2154, con entrada libre y colaboración voluntaria. Más información en www.cineclublarosa.blogspot.com
Además, se proyectan cortos en 16mm de una animación checoslovaca y del Pájaro Loco.
Será el miércoles 21 de diciembre a las 20hs en Austria 2154, con entrada libre y colaboración voluntaria. Más información en www.cineclublarosa.blogspot.com
Hasta el 14 de enero, el Centro de Documentación e Investigación de la Cultura de Izquierdas (CeDInCI) presenta la exposición en el Espacio de Arte de la Fundación OSDE, Suipacha 658 1er piso, de lunes a sábados de 12 a 20 (domingos y feriados cerrado). Entrada libre y gratuita.
El anarquismo, como todos los grandes movimientos emancipatorios, necesitó para expandirse por el globo tanto de las ideas de opresión humana y de redención social como de imágenes capaces de comunicarlas masivamente.
En el proceso de construcción del anarquismo como identidad de masas jugaron un rol central las manifestaciones a través de las cuales los trabajadores ganaban las calles, como los himnos revolucionarios entonados por la multitud que empuñaba banderas rojas y negras. En las tribunas populares alzadas con motivo del 1º de Mayo o una huelga, los viejos doctrinarios cedÃan su lugar abarbados oradores, con sus gestos enfáticos y su elocuente retórica. Los periódicos cargados de minúsculas tipografÃas perdÃan terreno frente a los almanaques populares, las revistas y los diarios obreros, donde los largos textos eran acompañados de una serie de representaciones simbólicas capaces de condensar en una imagen todo un mundo de ideas y de valores.
Para que se consumara este pasaje de los libros doctrinarios a las calles, las fábricas y las casas obreras, fue necesario un proceso de gestación de sÃmbolos e imágenes capaces de irradiar su poderoso magnetismo. El arte que demandaba el anarquismo no era el del caballete y el salón, ni la obra única dotada de aura, sino el de la reproducción que permitiera una circulación social extendida, favorecida por técnicas como la litografÃa, la xilografÃa y el grabado en metal. Y si la vocación pedagógica comprometió en un principio a estos artistas del pueblo con una estética realista, e incluso naturalista, sus inquietudes los llevaron a experimentar en las formas que llegaban de las vanguardias europeas, como el expresionismo o el futurismo.
La muestra "Gráfica del anarquismo argentino (1893-1939)" pone énfasis en la producción gráfica que el anarquismo desplegó en nuestro paÃs durante sus décadas de esplendor con una amplia gama de recursos gráficos: desde periódicos a diarios, revistas a folletos, grandes afiches a pequeños volantes. El CeDInCI se propuso exhibir aquà algunas de las piezas más valiosas de su patrimonio documental, aspirando contribuir al conocimiento público de ese momento de efervescencia social, signado por el encuentro entre vanguardias artÃsticas y vanguardias polÃticas.
Colección CeDInCI
CuradurÃa y textos: Horacio Tarcus - Verónica Tejeiro
Asistencia: SofÃa Frigerio
Montaje: CeDInCI- Jerónimo Veroa
En el proceso de construcción del anarquismo como identidad de masas jugaron un rol central las manifestaciones a través de las cuales los trabajadores ganaban las calles, como los himnos revolucionarios entonados por la multitud que empuñaba banderas rojas y negras. En las tribunas populares alzadas con motivo del 1º de Mayo o una huelga, los viejos doctrinarios cedÃan su lugar abarbados oradores, con sus gestos enfáticos y su elocuente retórica. Los periódicos cargados de minúsculas tipografÃas perdÃan terreno frente a los almanaques populares, las revistas y los diarios obreros, donde los largos textos eran acompañados de una serie de representaciones simbólicas capaces de condensar en una imagen todo un mundo de ideas y de valores.
Para que se consumara este pasaje de los libros doctrinarios a las calles, las fábricas y las casas obreras, fue necesario un proceso de gestación de sÃmbolos e imágenes capaces de irradiar su poderoso magnetismo. El arte que demandaba el anarquismo no era el del caballete y el salón, ni la obra única dotada de aura, sino el de la reproducción que permitiera una circulación social extendida, favorecida por técnicas como la litografÃa, la xilografÃa y el grabado en metal. Y si la vocación pedagógica comprometió en un principio a estos artistas del pueblo con una estética realista, e incluso naturalista, sus inquietudes los llevaron a experimentar en las formas que llegaban de las vanguardias europeas, como el expresionismo o el futurismo.
La muestra "Gráfica del anarquismo argentino (1893-1939)" pone énfasis en la producción gráfica que el anarquismo desplegó en nuestro paÃs durante sus décadas de esplendor con una amplia gama de recursos gráficos: desde periódicos a diarios, revistas a folletos, grandes afiches a pequeños volantes. El CeDInCI se propuso exhibir aquà algunas de las piezas más valiosas de su patrimonio documental, aspirando contribuir al conocimiento público de ese momento de efervescencia social, signado por el encuentro entre vanguardias artÃsticas y vanguardias polÃticas.
Colección CeDInCI
CuradurÃa y textos: Horacio Tarcus - Verónica Tejeiro
Asistencia: SofÃa Frigerio
Montaje: CeDInCI- Jerónimo Veroa













