viernes, 17 de junio de 2011

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Mar de sonido

A mediados de los sesenta el rock era puro empuje, una potente afirmación de la sexualidad y una exteriorización de si mismo orientada hacia el mundo y el oyente. Pero con la psicodelia el rock se volvió oceánico, estratosférico: un paisaje sonoro que envolvía y subsumía al oyente. El LSD, un catalizador de las cualidades espaciales de la música, coincidió con los avances técnicos que posibilitaron que esa misma espacialidad fuera realzada y amplificada (sonido estéreo, consolas de 24 canales, uso del estudio de grabación "como un instrumento"). El rock perdía su dureza, se convertía en un medio en el cual el oyente se encontraba suspendido y cobijado como dentro de un útero.


Uno de los momentos fundantes del nacimiento de las psicodelia, "Purple Haze" (1967) de Jimi Hendrix, parece haberse ori¬ginado en una fantasía de regresión uterina. En esa canción, Jimi Hendrix, el "besador del cielo", se muestra consumido por un in¬fierno de sensualidad que inspira tanto temor como deseo, una mixtura de amor y apocalipsis. En un libro llamado Electric Gypsy, Harry Shapiro y Caesar Glebbeek revelaron que "Purple Haze" fue directamente influenciada por el interés de Hendrix en las creencias religiosas de una tribu nativa norteamericana, los Hopi. En la cosmología hopi una de las cuatro fases de la creación era Qoyangnuptu, la era del Púrpura Oscuro. Una entidad llamada Mujer Araña aglutinóla tierra al mezclada con su saliva (el mar), concibiendo así el primer mundo bajo el agua, donde la luz se propaga como una "btuma púrpura". Para Hendrix esta frase evoca el método que aplicaba en su infancia para huir de una vida familiar problemática, inestable. "De alguna manera -escriben Shapiro y Glebbeek-, Jimi se encontraba flotando, mirándose a sí mismo desde lo alto, sabiendo que no estaba dormido sino a la deriva, a través de la bruma de otra dimensión, el plano astral, en busca de algo que nunca pudo identificar". ¿Quizás la tranquilidad perdida del idilio amniótico?

A lo largo de su obra, Jimi Hendrix fantaseó con escapar de la alienación terrenal, a veces ascendiendo al espacio exterior ("Third Stone from the Sun"), otras sumergiéndose en el agua. En "1983 ... (A Merman I Should Turn to Be)", de Electric Ladyland (1968), Hendrix busca refugiarse de un mundo en guerra huyendo al fondo del océano en un submarino mágico. Ignorando a los escépticos que dicen con sorna que es imposible que un hombre sobreviva bajo el agua, Hendrix desconoce el principio de realidad patriarcal que lo privó originalmente del Edén acuático del útero. Tanto en esta canción como en su secuela, "Moon, Turn the Tides ... Gendy, Gendy, Away", Hendrix se anticipa al dub y a la música ambient al usar efectos de estudio para crear una versión auditiva de la Gran Barrera de Coral: estrías de sonido como luces que refractan bajo el agua, racimos de riffs que se precipitan y dispersan como cardúmenes de peces tropicales, titilan como estrellas de mar y se dilatan cual anémonas.

Fragmento de "Navegar entre estrellas. Cosmic rock" (1994), incluido en Después del rock. Psicodelia, postpunk, electrónica y otras revoluciones inconclusas (2010), de Simon Reynolds.
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