viernes, 24 de junio de 2016

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El nombre del juego es muerte

Negra, negrísima, muy negra. La novela de Dan J. Marlowe chorrea sangre, y así nos apasiona de principio a fin.


El nombre del juego es muerte
Dan Marlowe
En el comienzo de El nombre del juego es muerte, cuando arranca el motor del Oldsmobile, se pone en marcha también una historia que nunca se detiene, una carrera criminal despiadada. Roy Martin y el mudo Bunny roban un banco en Phoenix, Arizona. Logran llevarse una fortuna, pero algo no sale como habían planeado y tienen que separarse; malherido, Roy busca urgente un médico, y Bunny parte con el botín a un pueblo lejano de Florida: semanalmente, deberá mandar mil dólares por correo. El dinero llega durante un tiempo; de pronto, junto a un telegrama sospechoso, las remesas se interrumpen. Entonces Roy decide viajar para ver lo que le ha pasado a su compañero.
Hay una semejanza brutal entre el estilo del narrador y las acciones que ejecutan los personajes. Las oraciones son cortas, punzantes, no sentenciosas; el lenguaje acierta por su economía y precisión. Nadie atesora un juicio ni una condena sobre la secuencia de desproporciones e impiedades que se precipitan: Marlowe crea un héroe por completo insensible, cruel, amoral, y es muy eficaz en la presentación de un punto de vista bastante fuera de los patrones esperados de la humanidad. El nombre del juego es muerte es absolutamente incomparable.


Dan J. Marlowe nació en Lowell, Massachusetts, en 1914, hijo de un mecánico de imprenta. Se recibió de contador en una escuela de finanzas de Boston en 1934, y vivió alternativamente como jugador profesional (póker, caballos) y gerente de oficina hasta 1956, cuando, después de la muerte de su esposa, decidió probar suerte con la literatura. A finales de 1958 ya había publicado sus dos primeros libros, Doorway to Death y Killer with a Key, donde presentaba al detective Johnny Killain.
En 1962, produjo su obra maestra, El nombre del juego es muerte, que impresionó hasta al ladrón de bancos más famoso de los Estados Unidos, Al Nussbaum. Desde su prisión en Nueva York, utilizando el nombre de “Carl Fisher”, Al envió cartas al escritor, alabando el libro: le asombraba la destreza en el manejo de la trama; creía que la historia estaba parcialmente inspirada en Bobby “One-Eye” Wilcoxson, portador de una ametralladora letal para custodios de cualquier tesoro. Terminaron siendo amigos. Nussbaum, en materia literaria, era un buen alumno. Marlowe visitó tantas veces la cárcel que hasta despertó las sospechas del FBI: le interesaba conocer algunos secretos del mundo criminal para nutrir sus futuras novelas. The Vengeance Man, Flashpoint y Operation Breakthrough tuvieron esa inspiración. En el momento más exitoso de su carrera, cuando había ganado el premio Edgar Allan Poe, en 1977, Marlowe sufrió un ataque de amnesia y perdió todas las habilidades para escribir. Se mudó a Los Ángeles con Nussbaum, quien pacientemente lo acompañó en su recuperación. Guerilla Games, la última novela de Marlowe, fue completada con la ayuda del ladrón. Marlowe murió de un infarto en un pequeño departamento de Tarzana, California, en agosto de 1986.

(La Bestia Equilátera)

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