viernes, 19 de julio de 2013

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La Americana

Elenco: Sabrina Tomasin, Ariel Muras, Juliana Guerin, Melina Otero, Nicolás Ravignani Condino, Daiana Deguisa y Mercedes Fittipaldi. Orquesta: Emilio Pappolla, Fabián Morales, Sergio Vidal, Flavio Nuñez y Alejandro Peralta. Artistas invitados: Martín Salazar y Damián Vilamowski. Dirección musical: Cristian Bus. Diseño y puesta de luces: Quintino Camporale. Diseño de escenografía: Sergio Sayago. Realización de trailer: Fernando Sánchez. Producción: Armando Producciones. Idea y dirección: Alejandro Barratelli.
Sábados a las 19.30 hs., en el Teatro IFT, Boulogne Sur Mer 549, Abasto (a una cuadra de Av. Pueyrredón y Av. Corrientes), CABA. Valor de la entrada $ 60-; con descuento: $ $ 40-.


La Americana aporta un soplo de frescura, de celebración y de alegría. Desde el comienzo, cuando dos actrices se mezclan con el público para invitarlo a pasar a divertirse en el cabaret que lleva ese nombre. Luego, al dirigirse hacia sus butacas, los espectadores encuentran una actitud de festejo en los intérpretes, que van saludando y convidando con un vaso de vino. Es como si estuvieran proponiendo: ¡Vamos a jugar al cabaret!

Y allí –ya frente al escenario- es el tal el regocijo que exhibe la puesta en escena, que uno no puede dejar de sentirse parte de la representación.

Pero si bien la obra está concebida como un varieté, no se trata de un entretenimiento vacío, sino que refleja la soledad y la melancolía de mujeres y hombres que buscan denodadamente el tan inalcanzable amor, ese fulgor que hace vibrar las almas y da sentido a la vida. Por eso los concurrentes a La Americana beben y hasta se embriagan soñando con lograr ese cenit inalcanzable. Refuerza estos anhelos la orquesta con bellos boleros.

La idea y dirección es de Alejandro Barratelli, que también actúa. Su trabajo es creativo y original, con excelentes textos que intercalan frases reescritas pertenecientes a películas famosas (tener en cuenta que es un fanático cinéfilo). Asimismo, introdujo logradas escenas de humor. Su dirección ha encontrado el tempo exacto para que la puesta siempre mantenga el interés del espectador. Las actrices y actores descuellan por su clara dicción y su virtuoso desplazamiento en el escenario. Además, otorgan credibilidad y convicción a los personajes, para lo cual resultó indispensable la calidad del vestuario.

La orquesta luce impecable y pone ritmo en todo momento, y en este logro participó indudablemente la dirección musical de Cristian Bus.

La austera escenografía de Sergio Sayago da una idea cabal del ambiente cabaretístico, en cuyo resultado colaboró Quintino Camporale con una inteligente iluminación.

En suma, un acontecimiento para no dejar pasar, en el cual se resume una idea que plasmó Platón y que se enuncia al principio de la obra: mucho tiempo atrás había andróginos, es decir seres mitad hombre y mitad mujer, que se arriesgaron a desafiar a los dioses. Éstos, en represalia, los separaron, y desde entonces, inundados de nostalgia, deambulan por el planeta buscando desesperadamente su alma gemela. Igual que los noctámbulos de La Americana, que lo hacen en clave festiva, acompañados por música romántica y con una copa en la mano.

Germán Cáceres
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