lunes, 29 de octubre de 2012

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Alumbrando en la oscuridad

Dirección: Mónica Gazpio y Fermín Rivera- Guión: Mónica Gazpio - Director de fotografía: Emiliano Penelas - Intérpretes: Laura Azcurra, Celina Font, Osvaldo Laport, Mariana Richaudeau, Cecilia Rosetto - Música: Daniel Suriani – Montaje: Emiliano Serra - Origen: Argentina – Año: 2012.


Es un documental que moviliza profundamente al espectador porque, partiendo de los múltiples problemas que plantea la adopción, cuestiona conceptos arraigados acerca de cómo debe funcionar una familia.

La cámara encuadra primeros planos de actores que representan a personas que dieron su testimonio pero resolvieron mantenerse en el anonimato. Además, se intercalan entre los monólogos de los entrevistados comentarios y reflexiones de especialistas de distintas disciplinas (medicina, sociología, psicología, derecho). Y, a través de estas revelaciones, van tejiéndose conceptos como el de no culpar a la madre que no desea a su hijo y lo entrega en adopción. Menos aún a la que lo hace por no sentirse capaz de cuidarlo y alimentarlo. Pero la película llega más lejos y propone que no se es hijo de padres biológicos, sino de los que se asumen como tales. Es decir: ser padre, madre o hijo es una elección, el cumplimiento de un deseo, un lazo entre quien quiere ser hijo y una pareja que anhela asumir la paternidad. Como respondió Mónica Gazpio en un reportaje: “...Según dicen los psicólogos TODOS SOMOS ADOPTADOS. Porque sin la aceptación del rol, sin el encuentro con el hijo real y no con el ideal, no hay paternidad, maternidad, ni hijo. No importa si el hijo es adoptado o biológico: importa la construcción del vínculo.”

Asimismo se cuestiona el tan sublimado instinto maternal, pues funciona como una especie de tabú que condena a la mujer que decide no tener hijos.

El tan alabado primer plano cinematográfico es utilizado para captar los sentimientos de los protagonistas a los que los actores prestan cuerpo y voz. Como afirmó el cineasta Jean Epstein en sus escritos: “la máquina de confesar almas ha sido siempre un ideal del hombre”.


Alumbrando en la oscuridad es un filme muy humano y da cuenta de los sufrimientos por los cuales han debido pasar estos padres y estos hijos para encontrar su camino y luego transitarlo, a contrapelo de las convenciones y prejuicios sociales.

Sólida la dirección de Gazpio y Rivera, que logran hacer apasionante una película tan ascética. La fotografía de Penelas es otro puntal por su nitidez y su belleza despojada. La convincente actuación confiere a los ocultos entrevistados auténtica carnadura. Sobresalientes la música de Suriani y el montaje de Serra, así como el trabajo del resto del equipo.

Crónica de un verano (1961), de Jean Rouch y Edgar Morin, fue un filme que inició el llamado cine-verdad (cinema verité), proponiendo a entrevistados anónimos confesar sus vivencias frente a la cámara, actitud que les provocaba una catarsis que los conducía a modificar parcialmente el rumbo de sus vidas. En el caso de Alumbrando en la oscuridad es innegable que después de su visión el espectador comenzará a interrogarse sobre el sentido de la familia y, tal vez, del amor y de la misma existencia.

Germán Cáceres
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