miércoles, 28 de mayo de 2008

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Día del documentalista

"Nosotros no hacemos films para morir, sino para vivir, para vivir mejor. Y si se nos va la vida en ello, vendrán otros que continuarán..." (Raymundo Gleyzer, 1974)


El 27 de Mayo de 1976 es secuestrado y desaparecido Raymundo Gleyzer, cineasta documentalista y militante revolucionario. Hoy se conmemora en su honor el día del documentalista.

A los 20 años Gleyzer decide dejar la Facultad de Ciencias Económicas y solicita la inscripción en la de cine en La Plata. Tras pasar por la Escuela Superior de cine de la Universidad Nacional de La Plata, comienza con sus primeros trabajos. En 1964 filma "La tierra quema", documental que narra la miseria de los campesinos en el noroeste de Brasil. Ese mismo año realiza también "El ciclo".

A partir de 1965 se abre un nuevo período marcado por su trabajo en noticieros (Canal 7, y Telenoche-Canal 13, ambos de Buenos Aires). Fue el primer camarógrafo argentino que filmó en Malvinas, desde donde produjo una serie documental sobre vida cotidiana en las islas, para Telenoche, en 1966. Igualmente, fue el primero en enviar informes filmicos y reportajes sobre el trabajo en la zafra del azúcar en Cuba, para emisión en la Televisión argentina en 1970.

En su búsqueda personal, este tipo de trabajos terminará con una película propia "México, la Revolución congelada" en el año 1970. A nivel personal se incrementa su formación como marxista y su alejamiento definitivo del Partido Comunista. Gleyzer comienza entonces con su militancia en el PRT (Partido Revolucionario de los Trabajadores). Casado con Juana Sapire, tuvieron un hijo, Diego.

En 1973, filma su obra cumbre: "Los traidores". En ella, se narra la historia de un sindicalista que pasa de ser un delegado que se preocupaba por la suerte de sus trabajadores a un burócrata de derecha que termina siendo el vocero de los intereses de la patrona, a partir de su excelente capacidad para la negociación como para la simulación. El personaje al que hace referencia Gleyzer es a José Ignacio Rucci, secretario general de la CGT en aquella época y miembro de la ultra-derecha peronista, y lo pinta con su bigote y el Torino blanco característico.

Gleyzer fue un artista incansable que buscó mostrar al mundo los terribles flagelos con los que viven los habitantes de América Latina. Fundó el grupo "Cine de la Base", que organiza y proyecta sus films en barrios, escuelas, universidades y fábricas. Sus películas, que a menudo tenían que ser filmadas y estrenadas clandestinamente, lo pusieron en las miras de la Alianza Anticomunista Argentina, la "triple A" ideada por José López Rega y el propio Rucci, durante la presidencia de María Estela Martínez de Perón, Isabelita. En 1976 realiza un viaje a Nueva York por trabajo, la filmación se demora y Raymundo decide volver a la Argentina. Debido a su obra militante y comprometida, fue secuestrado y desaparecido por la dictadura militar que había derrocado al gobierno peronista de Isabelita, el secuestro ocurrió en la puerta del Sindicato Cinematográfico Argentino (SICA) y permanece desaparecido hasta hoy.
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viernes, 16 de mayo de 2008

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Los pros y los contras de volver el tiempo atrás

Te encontraré ayer
Dramaturgia y dirección: Francisco Lumerman.
Intérpretes: Manuela Amosa, Dana Basso, Nicolás Ortiz de Elguea, Lisandro Penelas, Marcelo Pozzi y Ana Scannapieco.
Diseño de escenografía: Carlos Coccia.
Diseño de arte y de vestuario: Enaguas.
Diseño de iluminación: Paula Grandio.
Asistente de escena Daniel Crespo Narbona.
Asistente de dirección: Lucila Garay.
En Anfitrión, Venezuela 3340. Viernes, a las 23.
Duración: 60 minutos.
Nuestra opinión: buena.

Lisandro Penelas compone un obsesivo Jeremías,
alrededor de quien gira toda la narración

Saber que Te encontraré ayer fue escrita por Francisco Lumerman, el mismo que escribió y dirigió De cómo duermen los hermanos Moretti , es ciertamente alentador. Más aún si se suma el dato que la pieza que está en escena en el Anfitrión recibió el primer premio en el concurso de dramaturgia Germán Rozenmacher, en el último Festival Internacional de Buenos Aires. Es así que el espectador ya se predispone bien para recibir esta historia que de entrada no más se presenta disparatada y así, desde el mismísimo comienzo, Lumerman se empieza a despegar de sí mismo. Es que a diferencia de lo que hizo en su texto anterior, en el que la risa es producto de los oscuros y enrarecidos vínculos entre seis hermanos, aquí Lumerman le da mucho mayor peso a un humor liso y llano -muy bien planteado y llevado a cabo- que sí se cuela también entre situaciones por demás patéticas, pero de ninguna manera oscuras.

El trasfondo de la historia que tiene a Jeremías -un obsesivo estudiante de física- como protagonista, habla de relaciones familiares en las que el diálogo se parece más a sucesivos monólogos en paralelo.

Alrededor de Jeremías transcurren las vidas de Humberto, un amigo enamorado de Deborah, su hermana, que está enamorada de todos menos de Humberto. También están madre y padre que se miran sin verse, hablan sin escucharse. El mundo desbordado de Jeremías -siempre en medio de un incomprensible experimento científico- transcurre en un caos que toma sentido cuando su padre muere. Su obsesión y su dolor hacen que dirija todas sus fuerzas a crear el mecanismo necesario para volver el tiempo atrás... hasta que lo logra.

Lumerman se hizo de un buen elenco para llevar a cabo su narración, que está bien escrita y muy bien jugada en escena. Cada uno de los actores le saca provecho a su personaje, y si bien no tienen -salvo el protagónico- un perfil profundamente definido, son lo suficientemente atractivos como para que el espectador disfrute de ellos. En un conjunto por demás parejo y rendidor, se destaca el Jeremías de Lisandro Penelas y sorprende el crecimiento actoral de Ana Scannapieco, que interpreta a su novia y que es quien se lleva las más frescas y sinceras carcajadas.

La puesta es coherente al planteo desprolijo de la mente del protagonista, sólo molesta un poco la pantalla a la que se tuvo que echar mano para resolver unos off iniciales y finales en la narración.

Verónica Pagés
Diario La Nación, viernes 16 de mayo de 2008
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